viernes, 25 de febrero de 2011

Diputados votarán caso Sempra el martes


por Melina Amao Ceniceros
notas.tijuana@gmail.com
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El martes 1 de marzo la Cámara de Diputados dará continuidad a la sesión del jueves para votar de manera definitiva la clausura de la empresa trasnacional Sempra Energy y asimismo investigar la concesión, adelantó el diputado del PT Gerardo Fernández Noroña en su visita a Tijuana, y agregó que la abstención del PAN en la votación pasada evidencia que "está defendiendo esa trasnacional en contra del interés del pueblo de México".

El punto de acuerdo votado por los diputados del PT, PRD, PRI, PVEM y Panal respecto a Sempra Energy indica que se debe mantener la clausura de dicha empresa, revisar la concesión y revisar las denuncias sobre los gasoductos construidos, explicó el legislador, e indicó que de aprobarse entraría en vigor inmediatamente, aunque consideró necesario que una comisión del congreso quede vigilante de su cumplimiento a fin de combatir el burocratismo.

"Desde la época de Porfirio Díaz no se veía eso, además [Sempra Energy] está dando un servicio ni siquiera a la población mexicana sino a la población de Estados Unidos, es una cosa por todos lados gravísima", señaló.

Fernández Noroña se refirió a que el gobierno de Felipe Calderón ha "violentado el marco legal al meter al ejército a cuidar una propiedad privada" y dijo que el caso Sempra pondrá sobre la mesa de debate "las minas a cielo abierto de las empresas canadienses, que están generando una destrucción y una contaminación brutal y que tampoco están siendo tocadas".

El diputado petista, polémico por manifestarse dentro del Congreso de la Unión en crítica a Calderón Hinojosa, anticipó que al finalizar la sesión del martes colocará una manta "sentimental", aunque no quiso dar mayores detalles.

La visita de Fernández Noroña a la ciudad tiene como objetivo invitar a la población a cuestionar el gobierno panista, incitar a un cambio político y sumar esfuerzos al movimiento de Andrés Manuel López Obrador, el cual -dijo- volverá a triunfar en el 2012, pese a la desconfianza que hay en las instituciones electorales.

El sábado a las 12:00 pm el legislador del Partido del Trabajo encabezará un acto en Calle 9 y avenida Revolución.

jueves, 24 de febrero de 2011

Hay de libros a libros

Presentan ‘Mujeres que cuentan’
por Stanger in the nigth*

Fui a la presentación de un libro. Ya lo había hojeado en un salón de belleza, alguien al parecer lo dejó. Pues asistí a la presentación de Mujeres que cuentan, he aquí mis observaciones.

1. Los relatos están escritos (o dichos) como sería una conversación en una terminal de camiones, una fila para pagar un servicio o algo así.
2. Son relatos de mujeres que llegaron al puerto de Ensenada de otros estados de la república y comentan sus experiencias en un lenguaje variado según su origen y preparación.
3. No hay una metodología, digamos mujeres de cierta edad, o de determinados periodos en el tiempo, o deliberadamente de diferente escolaridad.
4. No se mira tampoco una intención literaria, sociológica, antropológica o histórica.

Decir, por ejemplo, que en el 95 no encontraban tortillas porque todos en Ensenada comen tortillas de harina me parece una falsedad; o que en el ochenta y tantos no había luz al final de la ave. Ruiz, lo mismo, porque lo único que puede ser es que la electricidad no se había contratado para una determinada zona aún. Hablar que en los cincuentas no había tiendas en el centro de Ensenada es desconocer la historia de comercios que fueron fundados desde los treinta. Comentar que no podía tomar agua de la llave (¡nadie debe tomar agua de la llave! ni siquiera ahora) y agregar que su suegro reunía el agua de lluvia y la suegra la hervía para poder tomarla en esos años, es totalmente inexacto: los camiones con garrafones de agua ya existían recorriendo las colonias. O decir que en el 85 más o menos la gente no conocía la cabeza de res y era renuente a comerla es claramente falso.
Escuchar el sentido irónico con el que se pretende marcar ciertos datos no resulta divertido o entretenido sino para quienes son recién llegados.
Una mujer cuenta cómo casi acepta trabajo como fichera en un antro para después arrepentirse entre lágrimas y dedicarse a vender comida. ¿Y? Este relato no dice nada más como los otros, no hay sentido de trascendencia.
Por cuadra en cualquier barrio, creo, hay historias de esfuerzo o de descubrimientos, pero tendrían que tener un contexto, por ejemplo: los pobladores de equis colonia, haciendo énfasis en que lo conforman personas llegados de otros estados.
Todavía no tengo una conclusión de lo que observé, pero dijeron que era un libro para que no se olvidara cómo era Ensenada hace años (¡¿?!), sin embargo no tiene la distancia en tiempo como para considerarse un testimonio histórico. En otro momento de la presentación alguien dijo que así se conservaba la tradición oral, pero, de ser así, creo que conmigo termina, porque no encuentro qué de todo podría rescatar para continuar una tradición.
Un recuento de esos solamente refuerza el hecho de no haberse integrado, y además pasa por alto el importante dato de haber traído algo de sus lugares, costumbres, comidas, etc. (porque es escrito por mujeres de otros estados). Mientras se use el “ustedes” y “nosotros” no hay integración posible.
Planteo algo de lo que atestigüé, si miras el libro tendrás tu propia opinión, aunque yo no lo compraría.
Lo otro es que es una edición de Conaculta, Gobierno del Estado y Gobierno Municipal y sinceramente hay libros que tienen más calidad como para merecer ese apoyo.
El presentador estuvo bien, cuidadoso, preciso y mesurado.

*Pseudónimo, porque no es relevante quién dice sino lo que dice.

sábado, 19 de febrero de 2011

Intensa Ceci Bastida



por Melina Amao Ceniceros
notas.tijuana@gmail.com
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Ponerse de acuerdo con el clima es prácticamente imposible, pero a pesar del torrencial que cayó anoche muchos decidieron acudir al concierto de Ceci Bastida y así atestiguar su primera presentación en Tijuana con el disco ‘Veo la marea’, el cual sin duda refleja el contexto fronterizo al abordar temas como el narco y la migración.

Tal vez no fue la concurrencia que hubiera asistido de haberse contenido las nubes, sin embargo el suplicio climático de alguna manera acrisoló la asistencia, pues salieron a relucir fieles seguidores al corear sus canciones de principio a fin, y además Ceci dijo sentirse en familia tras ver rostros conocidos, como algunos miembros de su grupo inicial Tijuana No!.

Los primeros sonidos del Black Box (Calle Sexta y avenida Revolución) estuvieron a cargo del Sonidero Travesura con sus guapachosos ritmos, lo que me dio margen para entrevistar a Ceci Bastida backstage. Quise conocer sus comentarios respecto a la problemática de inseguridad, precisamente porque en su canción ‘Have you heard?’ (primer track del disco) le reclama al narco y a la codicia su responsabilidad. En su canción cuestiona “why so many gotta end up dead?” (¿por qué tantos tienen que morir?).

Ceci: “Me parece que es un tema muy complejo pero tengo muy claro -y éste es mi punto de vista personal- que la estrategia que se ha llevado hasta ahora no ha sido exitosa. Creo que es momento de ver otras opciones: es mucho más importante invertir en educación, darles oportunidades de trabajo a la gente, darles empleo con buenos salarios, que haya programas de arte para los jóvenes”.

Una postura clara, contundente y con total sentido. La compositora y cantante es atenta a la denominada ‘guerra contra el narco’, en la cual el gobierno mexicano presume las detenciones de peligrosos capos sin contrarrestar el mal que origina tanta descomposición: la pobreza, la falta de oportunidades y la consecuente desesperación de los gobernados.

Ceci: “Es como estar cortando las ramas de un problema al capturar que al líder del cartel tal, pero el problema sigue ahí, hay que arrancarlo de raíz. Hay tantas cosas que siento que se pueden hacer, que obviamente puede parecer no dar resultados inmediatos, pero esto está creando un caos increíble, una cosa que no se había visto nunca o desde hace mucho tiempo en México”.

Pero no es el único reclamo social al que Ceci da voz, también reflexiona sobre la creciente emigración de mexicanos y los atropellos que en el país se cometen contra centro y sudamericanos en su intento por llegar al otro lado.
Ceci: “Lo sabemos: la gente se va porque no tiene oportunidades de trabajo ni de sobrevivir en su propio país, entonces creo que también es importante prestar atención a lo que la comunidad necesita, no ver solamente por los intereses de los poderosos sino ver por la gente y por el pueblo que ha sido olvidado durante muchos años”.

Temas como ‘Más y más’ advierten su preocupación por la realidad migratoria.

Después de conversar fue momento de prepararse para subir al escenario, minutos antes de la media noche. Acompañada por Argel Cota (batería), Danny Levin (trompeta y coros) y el dj Oro 11; Ceci inició con intensidad golpeando su floor tom (percusión similar al tambor) justamente para interpretar ‘Have you heard?’, lo que de inmediato aproximó al público hacia ella.

Siguieron ‘Controlar’, ‘Como soy’ y ‘No me conocerás’ ante los cantos y brincos de un público que conoce bien sus canciones. Y por supuesto Bastida también se entregó, y no sólo con su voz sino además escénicamente durante todo el concierto.

No se sentían tan pocas personas sobre el escenario: la fuerza musical hacía creer a los oídos que estábamos frente a un grupo de veinte integrantes. Con decir que el baterista ensenadense rompió el cuero del bombo a medio repertorio, pero ello no fue motivo para detener la marcha.

‘Más y más’, ‘Perderás’, ‘Empieza a amanecer’, los covers ‘This town’ y ‘La Sofí’, y ‘Canta el río’ antecedieron su más conocido tema: ‘Ya me voy’, aunque esto parecía significar irremediablemente el término de su música por esa noche.

Cantó y cantaron (cantamos) al unísono y tras los aplausos -pocos segundos pasaron- la exigencia de ¡otra! se hizo presente. Entonces volvieron, ahora sí para cerrar en definitiva con ‘Cuando vuelvas a caer’, una muestra más de su vigoroso sonido y las imponentes melodías que emergían de la trompeta de Danny.

jueves, 17 de febrero de 2011

Entrevista con Adela Navarro, directora del semanario Zeta

La periodista mexicana explica a Distintas Latitudes cuál es la situación del periodismo de investigación en la frontera con Estados Unidos, destacando tres elementos que propician la vulnerabilidad de éste: crimen, corrupción e impunidad.

por Melina Amao Ceniceros
notas.tijuana@gmail.com
Entrevista en Distintas Latitudes: AQUÍ

Con sede en la frontera norte (Tijuana, Baja California), el semanario Zeta es una publicación que se ha especializado en temas de corrupción y crimen organizado mediante investigaciones, pero esto le ha hecho blanco de agresiones que incluso han acabado con la vida de algunos de sus miembros.
La directora del semanario, Adela Navarro Bello, manifiesta con claridad su repudio hacia los crímenes (contra comunicadores y contra la sociedad en general) y subraya la ineficiencia de las autoridades para resolver los casos y brindar condiciones óptimas al periodismo en México. Zeta es de los pocos espacios que pese a los ataques no ha optado por la autocensura.
Aquí los comentarios que comparte Adela Navarro a Distintas Latitudes.

Desde su perspectiva ¿cuál es la situación (de riesgo o indefensión) de los periodistas y reporteros en México?

Adela Navarro: Mientras exista impunidad judicial en México para asesinos, narcotraficantes, secuestradores, extorsionadores y otras ramas del crimen organizado, el riesgo para los periodistas así como para los mexicanos será alto. En condiciones de injusticia jurídica, cuando quienes atentan contra la sociedad no son castigados, vaya, ni siquiera aprehendidos, se vulnera la seguridad física de la sociedad. Los periodistas en México, relatores en muchos e importantes casos de la desastrosa realidad de criminalidad en el país, se convierten en este ambiente de inseguridad en un blanco fácil ante la falta de protección a la libertad de expresión por parte del Estado mexicano.

¿Considera que los ataques contra periodistas y reporteros se asocian a la cobertura de determinada información o podría verse como un peligro que corren indistintamente de los temas abordados?

AN: Definitivamente en México hay libertad de expresión, nosotros podemos investigar y publicar –como lo hacemos cada semana– sobre los diferentes fenómenos que aquejan a la sociedad en la cual nos desarrollamos; lo que no existe en nuestro país son condiciones de respeto, certeza jurídica y seguridad para ejercer esa libertad de expresión. Periodistas que a lo largo de la frontera norte de México han desarrollado investigación en el tema del crimen organizado han sido asesinados, amedrentados, secuestrados y censurados, dentro de un ambiente político-judicial que beneficia al criminal por encima de la víctima. Reporteros de radio, televisión o periódicos han debido solicitar asilo en otros países o incluso, utilizando sus medios personales, emigrado allende las fronteras mexicanas, para salvaguardar su seguridad física y la de sus familias. Otra alternativa en el mismo contexto (prensa de investigación amenazada, vulnerada), directivos de medios determinaron la no realización de periodismo de investigación en temas considerados riesgosos, como lo es el crimen organizado y el narcotráfico. La autocensura es el resultado de un gobierno incapaz de proveer seguridad a los gobernados.

Algunos procuradores de derechos humanos argumentan que los ataques que sufren hoy los periodistas provienen del crimen organizado y no del Estado como en “otros tiempos”. ¿Coincide con esta conjetura?

AN: El crimen organizado no podría subsistir sin la ayuda del Estado. La permanencia e incluso el crecimiento de una organización criminal en México depende de su capacidad para corromper a la autoridad. Con ello no sólo obtiene el control de territorios a lo largo y ancho de la república: cuanto más se beneficia en la compra de corporaciones policíacas, procuradurías, juzgados, tribunales y administraciones públicas, para conservar su impunidad. En estas condiciones, quizá –y sólo quizá– el Estado no sea el represor directo de periodistas y reporteros, pero sí es un elemento importante en la presión hacia quienes ejercen periodismo libre, independiente y de investigación, al proveer a los criminales el clima para hacerlo.

Según he leído no existen en el país delitos contra periodistas resueltos, o en todo caso son escasos (a pesar de haberse creado la Fiscalía Especializada de Atención a Delitos contra Periodistas). ¿Considera que hace falta voluntad de las instituciones procuradoras de justicia para verdaderamente resolver los casos?

AN: Sí; en la Procuraduría General de la República no tienen ni compromiso ni voluntad para solucionar los asesinatos o los atentados contra periodistas. Tiene mucho que ver con lo anterior: la impunidad que proveen a los criminales a partir de ser autoridades corruptas, o deficientes en su trabajo de investigación. Cualquiera que sea la razón, corrupción o ineficacia, son escasos los asesinatos de periodistas que se han resuelto en el país. En Zeta existen tres investigaciones abiertas y un caso cerrado –pero no solucionado del todo– en 30 años de fundación. El asesino intelectual de Héctor Félix Miranda sigue libre, lo mismo aquellos quienes atentaron contra la vida de don Jesús Blancornelas y acabaron con la de Luis Valero. Tampoco se ha resuelto el crimen del licenciado Francisco Javier Ortiz Franco.

Los tres últimos casos permanecen en la impunidad total, mientras en el primero sólo los autores materiales fueron detenidos y sentenciados. A excepción de la investigación del asesinato de Félix, los otros tres expedientes fueron atraídos para su investigación por la Procuraduría General de la República, dos en 1998 y uno en 2004. Ninguno de los tres presenta ya no digamos detenidos, a pesar que en una corte internacional se ha señalado a narcotraficantes como los atacantes.

En relación a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos contra Periodistas, baste decir que es un ente creado al vapor, sin herramientas, sin personal, sin peritos ni investigadores y sin presupuesto para realizar de manera óptima su trabajo. En estas condiciones resulta inútil la labor de un fiscal que no puede investigar, pero que sí ha sido capaz de denostar a comunicadores a fuerza de asegurar, en el mayor de los casos que le ocupa, que los periodistas no fueron muertos en o por el cumplimiento de su oficio o profesión.

¿Cuál es su postura ante esta problemática? ¿Cuál sería el llamado que hace frente a estos crímenes?

AN: A través de las páginas de Zeta siempre hemos exigido la solución de esos y otros casos de atentados y asesinatos a periodistas; lo seguiremos haciendo, como también continuaremos realizando nuestro periodismo de investigación para exhibir a las autoridades corruptas en estos y otros casos que laceran a la sociedad.

martes, 8 de febrero de 2011

El periodismo agredido de México (panorama de la situación actual)


por Melina Amao Ceniceros
notas.tijuana@gmail.com
Artículo en Distintas Latitudes: AQUÍ

Resulta escabroso hablar sobre los crímenes contra periodistas en México porque se trata de una problemática que no necesariamente apunta hacia un mismo origen, lo cierto es que ser periodista en este país se ha convertido en oficio de alto riesgo (por la numerosa cantidad de agresiones y asesinatos a comunicadores), y ha orillado a los medios de comunicación a omitir información (entendido esto como autocensura) en aras de preservar la vida.

La situación actual de los trabajadores del periodismo, mientras no pertenezcan a las grandes empresas noticiosas ni ostenten cargos directivos, es de vulnerabilidad en principio porque es un empleo mal pagado. Aún así hay quienes se esmeran en desarrollar investigaciones sobre temas sensibles (narcotráfico, secuestro, corrupción, enriquecimientos ilícitos, derechos humanos), pero éstas los conduce a otro nivel de vulnerabilidad: ser agredidos. Y las agresiones pueden ser de muchas formas (censura, exclusión, amenazas, vejaciones, levantones, tortura, asesinato) y provenir de diversos emisarios (grupos de poder, crimen organizado).

El escenario es desalentador porque el problema es multifactorial: implica un contexto de violencia nacional, corrupción añeja y arraigada cual idiosincrasia, deficiente impartición de justicia, ambiente de temor y terror. Esto último deriva en tomar nuevas medidas de seguridad, como la no cobertura de ciertos temas, lo que a su vez conlleva a un estado de desinformación de las circunstancias reales del país.


Periodismo maniatado

El incremento de crímenes contra este sector (sean periodistas, colaboradores, columnistas, editores, reporteros gráficos) en la última década se vincula a la delincuencia organizada, en específico a los cárteles de la droga, a quienes se les atribuye los asesinatos, secuestros, desapariciones y amenazas hacia miembros de los medios de comunicación justamente cuando éstos investigan y revelan la identidad (rostros, nombres y apodos) de los criminales.

La autoría de dichos ataques se presume del crimen organizado no sólo por conjetura en base al modus operandi (que generalmente consta de rafagueos con armas de alto poder y balazos a quemarropa) ni por las temáticas que las víctimas publicaron, sino además por mensajes directos que los asesinos dejan (o narcomensajes) en los que continúa la intimidación hacia el resto de los reporteros y periodistas, con frases que advierten el mortífero destino de quienes sigan investigando al narco o determinado grupo criminal. Auténtico terrorismo.

El antropólogo Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos (Tijuana, Baja California) y profesor en la Universidad Estatal de San Diego (California, EU), en entrevista para Distintas Latitudes articula el incremento de estos ataques con el fortalecimiento de los cárteles de la droga, y señala que las víctimas frecuentes son reporteros jóvenes, quienes por egresar de universidades (o sea, cuentan con una preparación académica) están deseosos de transformar el mundo, y por ello investigan con nuevos métodos los temas que más importan a la sociedad. Es decir, al realizar investigaciones a profundidad acerca de los grupos criminales generan una reacción de molestia e irritabilidad del crimen organizado, cuya manifestación –como en toda otra acción relacionada a sus actividades ilícitas– es violenta y con fines de amedrentar.

Clark Alfaro se refiere a dos generaciones de periodistas en México: los viejos y los jóvenes; éstos con preparación universitaria dado el auge de escuelas de Comunicación y Periodismo en la década de los noventa, y los primeros formados mayormente en el empirismo (aludiendo que son periodistas que hoy tienen 60 ó 70 años). En ellos, el antropólogo observa diferencias en cuanto al manejo profesional:

“Los periodistas de la primera generación se movían de otra forma, no digo que eran corruptos pero había otro tipo de acuerdos y de componendas que esta generación nueva no tiene, mi impresión es que no ha caído en ese tipo de arreglos, no dudo que los haya pero en términos generales no sucede así, o sea, no son jóvenes que con facilidad se les compre o se les mande a callar. Seguramente sus deseos de cambiar y hacer un periodismo nuevo los ha puesto en grave riesgo y las consecuencias las estamos viendo”.

Y así es, las consecuencias son visibles: decenas de periodistas muertos a lo largo del país y ningún caso resuelto, a pesar de que la Procuraduría General de la República (PGR) creó en el 2006 la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra Periodistas (FEADP). El Principio 9 de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos [1] queda en abstracto.


Cuántos y porqué

El profesor y columnista Remberto Hernández Padilla hace un recuento de las víctimas mortales [2] desde el asesinato al periodista Manuel Buendía en 1984, ya que dicho crimen puso de manifiesto la vulnerabilidad del sector periodístico, unió al gremio y elevó las voces de exigencia para dar justicia a las víctimas. Manuel Buendía abordaba temas de corrupción, principalmente. En el conteo fatal, Remberto Hernández registra 127 periodistas asesinados (un total de 84 en los últimos diez años; de esos, 49 acaecidos desde diciembre del 2006, fecha en que tomó protesta Felipe Calderón como presidente de México, de los cuales 15 fueron ejecutados en 2010). Sin embargo, anota que antes de Buendía existieron otras 54 víctimas. A esta cifra habría que sumarle la de aquellos reporteros agredidos pero no muertos (los amenazados, secuestrados, violentados, desaparecidos).

Reporteros Sin Fronteras (organización que a nivel mundial defiende a los periodistas encarcelados o perseguidos por su actividad profesional y denuncia los abusos y crímenes contra los comunicadores) en su clasificación de ‘países donde más vale no ser periodista’ ubica a México junto a Afganistán, Paquistán y Somalia, calificándolos como “países abiertamente en guerra, teatro de un conflicto larvado o de una guerra civil”. Y en 2010 advierte que “México se ha convertido en el país más peligroso del continente para los medios de comunicación. La actividad de los cárteles de la droga, sumada a la ineficacia y la corrupción de las autoridades explican en gran parte este panorama” [3].

Vuelvo entonces al término ‘escabroso’, porque este fenómeno no responde únicamente a la presencia de los cárteles, también a los lazos de éstos con fuerzas policiales y altos funcionarios, y a la imperante impunidad (el estado de confusión y violencia ha servido para enmascarar crímenes de orden común). Ante esta situación no se percibe voluntad (en acciones, sólo discursos) por parte de las instancias encargadas de procurar justicia para esclarecer estos delitos (como ocurre con tantos otros: feminicidios, pederastia, trata de personas) lo que supone colusión, complicidad, corrupción. Ésta es otra conjetura que muchos analistas exponen sin tomar los riesgos –como es entendible– de señalar responsables, porque ha quedado claro que publicar sospechas (fundadas o especulativas) pone en riesgo la vida.


Medidas de seguridad

El antropólogo Víctor Clark lo lee, al menos de la frontera con Estados Unidos: “el periodismo entendió el mensaje, se autocensuró”. De tal manera que los reporteros de la nota diaria –por instrucción de los directivos de los medios– trabajan o se entretienen en declaraciones políticas, difusión de programas de desarrollo social, cobertura de actos oficiales, notas de color… Esto genera la ilusión de no pasa nada, todo está bien. Es un círculo vicioso, pues la desinformación mantiene la ignorancia, y la ignorancia permite la manipulación y la violencia.

Las principales medidas de seguridad son no investigar, omitir sucesos (como balaceras de las que nadie escribe) y firmar lo publicado como ‘Redacción’ a fin de no exponerse. Pero tales estrategias (vitales, sin duda) atentan contra la propia libertad de expresión, de información, de prensa.

En el 2009 me lo explicó Alejandro Páez Varela [4] (periodista, editor y escritor originario de Ciudad Juárez, Chihuahua): lo mejor es no entrarle a ciertos temas, simplemente no tiene caso. Una postura comprensible. Aunque también mencionó como posibilidad la cautela de hacer un periodismo incisivo desde lugares ocultos, quizá blindados.

Ésas son algunas medidas para evitar ser blanco de ataques. Otros, los que pueden (que son minoría), de plano andan con guaruras y hasta chalecos antibalas.

Es imposible no mencionar al semanario Zeta como un referente, pues se trata de un periódico especializado en temas del narco que ha pagado los efectos con la vida de algunos de sus integrantes. El semanario mantiene un ‘reclamo permanente’ hacia las autoridades por el asesinato de uno de sus fundadores: Héctor “el Gato” Félix Miranda, muerto a balazos en 1988, año en que escribía una columna acerca del narcotráfico, corrupción y enriquecimientos ilícitos sin detenimiento por acusar a personas con nombre y apellidos. Luego, en 1997, Jesús Blancornelas (cofundador) sobrevivió un atentado que se vinculó a sus publicaciones sobre el líder del cártel Arellano-Félix y supuestos nexos de éste con la policía municipal de Tijuana. Y en el 2004, fue asesinado el coeditor del semanario Francisco Javier Ortiz Franco, igualmente por su actividad periodística. Al tratarse de una publicación con tales características (semanario especializado y atacado), Zeta adopta mayores medidas de seguridad.


Agresiones impunes

Se puede ver a todas luces que las agresiones no siempre provienen de los cárteles. El asesinato de Manuel Buendía, por ejemplo, se ha denunciado como un crimen de Estado [5], el de “el Gato” Félix involucra como autores materiales a guardias de potentados [6]. Y el caso más conocido de agresión por un origen distinto al narco (dada su exposición mediática) es la periodista Lydia Cacho [7], a quien le fueron violentados sus derechos humanos en el 2005 (al ser privada de la libertad bajo un fuerte operativo policial) en un acto de intimidación orquestado entre el entonces gobernador de Puebla, Mario Marín, y el empresario Kamel Nacif, según evidenciaron llamadas telefónicas entre ambos que se hicieron públicas. Lydia Cacho se encontraba al momento difundiendo el fuero que daban políticos y empresarios a una red binacional (México-Estados Unidos) de prostitución y pornografía infantil y, por supuesto, detalló a cada implicado.

Existen numerosos grupos, organismos, asociaciones, individuos (periodistas, en su mayoría) y campañas en torno al periodismo agredido, entre ellos el movimiento Los Queremos Vivos [8]. Reclaman protección a los comunicadores, justicia para los ultimados, defensa de las libertades de expresión, prensa e información, pero –cosa de una ironía cruel– luchan desde la misma posición de vulnerabilidad que reprueban (se ha visto: aquel que alza la voz en repudio a los crímenes, que exhibe verdades, que incomoda, pone en peligro su seguridad). Y hasta puedo decir que todas aquellas plumas y voces que tratan los temas prohibidos con algo de sentido, al margen de una labor periodística propiamente, se convierten en potenciales mártires: lo hemos atestiguado con hombres y mujeres que claman justicia por sus muertos y desparecidos, por las violentadas y aniquiladas de Chihuahua, por los derechos de sus pueblos, por sus tradiciones de herencia indígena, por sus bosques y selvas, por sus hijos violados, por sus presos torturados, por los migrantes...

En este contexto, imagino que la situación del periodismo ha de cambiar (mejorar) cuando el país mismo lo haga: con instituciones funcionales, justicia social, cabal cumplimiento de los derechos (humanos y constitucionales), sistemas económico y educativo incluyentes, procesos electorales confiables, exterminio de la corrupción. Un verdadero Estado de derecho, como apunta Jon Lee Anderson (periodista estadounidense experto en temas de América Latina y conflictos bélicos). Pero frente a las evidencias esto suena a lista de deseos.

Como recordatorio a la sociedad, reclamo a las autoridades y homenaje a los compañeros muertos, el profesor Remberto Hernández propone se declare al 5 de febrero ‘Día del Periodista Asesinado’. Con ello fija un contundente posicionamiento, porque el 5 de febrero ya es en México día conmemorativo: aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.


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[1] El asesinato, secuestro, intimidación, amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión, por lo que es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación del daño adecuada.
http://www.cidh.org/Basicos/Basicos13.htm

[2] Relación de periodistas asesinados en México
http://elfigaropozarica.blogspot.com/2011/02/relacion-de-periodistas-asesinados-en.html

[3] Reporteros Sin Fronteras
http://es.rsf.org/report-mexico,184.html

[4] Estrategia equivocada del gobierno mexicano
http://www.oem.com.mx/elsoldetijuana/notas/n1439615.htm

[5] Estrictamente personal
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/65423.html

[6] Proyecto impunidad
http://www.impunidad.com/caso.php?id=72&idioma=sp

[7] Cronología: caso Lydia Cacho
http://www.eluniversal.com.mx/notas/511533.html

[8] Los queremos vivos
http://www.facebook.com/pages/Los-Queremos-Vivos/101762773214618