
Veterinarios, médicos, arquitectos, aviadores, diseñadores de moda, cantantes, bailarinas, pintores, estilistas de mascotas… Es con lo que sueñan convertirse niños y niñas del Colegio La Esperanza (de la Delegación Sánchez Taboada) cuando sean grandes. Hoy sus edades no rebasan los 11 años pero su imaginación es ilimitada, y lo demuestran en la exposición ‘Futuro Esperanza’ que montaron en la Casa de la Cultura de Tijuana con sus pinturas y dibujos.
Y aunque son pequeños no son ningunos novatos: para muchos de estos niños se trata de su segunda exposición, pues con la instrucción del profesor Antonio Vega han logrado plasmar su creatividad a grises o en colorido, para así mostrarla a los usuarios de la Casa de la Cultura en sus pasillos.
Sus dibujos no son en absoluto convencionales, dentro de las aulas el profe les incita a que lleven su imaginación a lugares insospechados para así crear figuras hoy sólo existentes en sus trazos: multicolores plantas geométricas, animales de incontables brazos, autos que levitan y seres híbridos, como el perrosaurio que dibujó Melanie.
Pero también hay los que se apegan al realismo, si es que eso es posible en el arte infantil, y optaron por formas tomadas de la naturaleza o reprodujeron a sus superhéroes favoritos.
Al platicar con los niños coincidieron en expresar su alegría de exponer, de saber que su obra sería apreciada por más gente, y también me platicaron de su gusto por el Colegio La Esperanza y las clases de arte, en especial la de dibujo, donde el profe Antonio Vega les invita a pensar en el futuro.
Algunos de los expositores son Farah Samantha, Javier, Harold, Bryan, Miguel, Irving, Paulette, Reyna (de 10 años), Valeria, Rodrigo, Erika, Marisela, Esteban, Zaira (de 11 años), Leonardo, Melanie, Emilia (de 8 años) y Elizabeth (de 7 años).
“Siento alegría”, “siento felicidad”, respondían los alumnos de primaria respecto a su exposición. Y ese estado es justamente lo que busca generar la escuela donde cursan, como explicó la directora y fundadora Christine Brady Haughey al definir: “La escuela es para elevar el espíritu de los niños y desarrollar todos sus talentos”.
Para lograr esto los menores cursan dos horas más de clases antes de regresar a sus hogares, pero dichas clases son las que más esperan: ballet (para niñas y niños), ciencias computacionales, música, nutricología (ecología y nutrición: cultivan alimento) y artes plásticas.
Parecería caro, y tal vez lo sea pero no para las familias de estos niños, ya que el colegio (ubicado en la colonia La Esperanza) es sostenido principalmente por la Fundación de las Américas (The Americas Foundation) que otorga a los alumnos becas completas o medias becas.
“El costo de los alumnos no representa el costo de la educación, todos tienen un mínimo de media beca, la mayoría paga entre 450 pesos de colegiatura, pero el costo para nosotros es de mil 300 pesos por niño”, detalló Christine Brady.
La arquitectura del plantel es como el concepto de la escuela misma: extraordinario. Está construida en lo que podría considerarse la punta de un cerro, en una zona marginal, y cuenta con aulas a desnivel, la mayoría de paredes circulares, como enormes iglús. Y por todos lados lucen detalles coloridos compuestos por pequeños azulejos, que contrastan con el blanco de las paredes.
“Decidí que este edificio tiene que ser tan hermoso que iba a ser interesante a todos los niveles de la sociedad, estamos buscando elementos que trasciendan las visiones de clase”, dijo la directora.
Pero no ha sido fácil: dos años l
a fundación peleó el uso del terreno, y aún tienen mucha construcción pendiente, pues la falta de recursos y la inseguridad no han permitido terminar la escuela, que actualmente cuenta con más de 200 estudiantes (de los niveles de preescolar, primaria y preparatoria).
“Hemos tardado en terminar la escuela por falta de recursos económicos, además todas las malas noticias sobre Tijuana nos perjudican: los voluntarios cancelan, no podemos lanzar el programa de intercambio de la prepa porque están aterrorizados por las noticias, y también el problema económico que tienen los padres”.
Aún así continúan brindando a los tijuanenses una opción de estudios que no había en dicha zona, en especial a nivel preparatoria, pues los otros planteles se encuentran muy alejados. La prepa es incorporada al sistema Cobach.
El proyecto (que ya tiene más de 20 años) avanza poco a poco y pese a las dificultades Christine Brady se dice satisfecha de los resultados, particularmente de la alegría de los niños, en quienes confía se esté sembrando el cambio social que hace falta.
“Estamos invirtiendo en los niños, queremos que desarrollen todo su potencial, que sean ciudadanos conscientes de las necesidades, que valoren el arte en sus vidas, especialmente ante el crecimiento de Tijuana, que va a tener muchas necesidades en el futuro”.
El artista y arquitecto James Hubble ha contribuido con Christine a este esfuerzo, y sobre sus ideas la directora platica: “él cree que el arte va a salvar al mundo y me tiene convencida”.

Y aunque son pequeños no son ningunos novatos: para muchos de estos niños se trata de su segunda exposición, pues con la instrucción del profesor Antonio Vega han logrado plasmar su creatividad a grises o en colorido, para así mostrarla a los usuarios de la Casa de la Cultura en sus pasillos.Sus dibujos no son en absoluto convencionales, dentro de las aulas el profe les incita a que lleven su imaginación a lugares insospechados para así crear figuras hoy sólo existentes en sus trazos: multicolores plantas geométricas, animales de incontables brazos, autos que levitan y seres híbridos, como el perrosaurio que dibujó Melanie.
Pero también hay los que se apegan al realismo, si es que eso es posible en el arte infantil, y optaron por formas tomadas de la naturaleza o reprodujeron a sus superhéroes favoritos.Al platicar con los niños coincidieron en expresar su alegría de exponer, de saber que su obra sería apreciada por más gente, y también me platicaron de su gusto por el Colegio La Esperanza y las clases de arte, en especial la de dibujo, donde el profe Antonio Vega les invita a pensar en el futuro.
Algunos de los expositores son Farah Samantha, Javier, Harold, Bryan, Miguel, Irving, Paulette, Reyna (de 10 años), Valeria, Rodrigo, Erika, Marisela, Esteban, Zaira (de 11 años), Leonardo, Melanie, Emilia (de 8 años) y Elizabeth (de 7 años).“Siento alegría”, “siento felicidad”, respondían los alumnos de primaria respecto a su exposición. Y ese estado es justamente lo que busca generar la escuela donde cursan, como explicó la directora y fundadora Christine Brady Haughey al definir: “La escuela es para elevar el espíritu de los niños y desarrollar todos sus talentos”.
Para lograr esto los menores cursan dos horas más de clases antes de regresar a sus hogares, pero dichas clases son las que más esperan: ballet (para niñas y niños), ciencias computacionales, música, nutricología (ecología y nutrición: cultivan alimento) y artes plásticas.Parecería caro, y tal vez lo sea pero no para las familias de estos niños, ya que el colegio (ubicado en la colonia La Esperanza) es sostenido principalmente por la Fundación de las Américas (The Americas Foundation) que otorga a los alumnos becas completas o medias becas.
“El costo de los alumnos no representa el costo de la educación, todos tienen un mínimo de media beca, la mayoría paga entre 450 pesos de colegiatura, pero el costo para nosotros es de mil 300 pesos por niño”, detalló Christine Brady.
La arquitectura del plantel es como el concepto de la escuela misma: extraordinario. Está construida en lo que podría considerarse la punta de un cerro, en una zona marginal, y cuenta con aulas a desnivel, la mayoría de paredes circulares, como enormes iglús. Y por todos lados lucen detalles coloridos compuestos por pequeños azulejos, que contrastan con el blanco de las paredes.“Decidí que este edificio tiene que ser tan hermoso que iba a ser interesante a todos los niveles de la sociedad, estamos buscando elementos que trasciendan las visiones de clase”, dijo la directora.
Pero no ha sido fácil: dos años l
a fundación peleó el uso del terreno, y aún tienen mucha construcción pendiente, pues la falta de recursos y la inseguridad no han permitido terminar la escuela, que actualmente cuenta con más de 200 estudiantes (de los niveles de preescolar, primaria y preparatoria).“Hemos tardado en terminar la escuela por falta de recursos económicos, además todas las malas noticias sobre Tijuana nos perjudican: los voluntarios cancelan, no podemos lanzar el programa de intercambio de la prepa porque están aterrorizados por las noticias, y también el problema económico que tienen los padres”.
Aún así continúan brindando a los tijuanenses una opción de estudios que no había en dicha zona, en especial a nivel preparatoria, pues los otros planteles se encuentran muy alejados. La prepa es incorporada al sistema Cobach.
El proyecto (que ya tiene más de 20 años) avanza poco a poco y pese a las dificultades Christine Brady se dice satisfecha de los resultados, particularmente de la alegría de los niños, en quienes confía se esté sembrando el cambio social que hace falta.“Estamos invirtiendo en los niños, queremos que desarrollen todo su potencial, que sean ciudadanos conscientes de las necesidades, que valoren el arte en sus vidas, especialmente ante el crecimiento de Tijuana, que va a tener muchas necesidades en el futuro”.
El artista y arquitecto James Hubble ha contribuido con Christine a este esfuerzo, y sobre sus ideas la directora platica: “él cree que el arte va a salvar al mundo y me tiene convencida”.

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