lunes, 11 de abril de 2011

Ay, mija, tan joven y tan demacrada


por Melina Amao Ceniceros
fotos: Erick Jaimes
notas.tijuana@gmail.com
Crónica literaria publicada por Kodama Cartonera: AQUÍ

La conocí en el 2008 y ya no era ella ninguna muchachita. Cumplía apenas 19 años, sí, pero la vida le había dado un aspecto como si tuviera 80. En ese tiempo era yo editora cultural de un periódico de mediana reputación y por ello la historia llegaba a tocar mi puerta sin necesidad de que moviera un dedo. Así fue que conocí a su creador, el enamorado que la edificó en la Colonia Aeropuerto. Fue un encuentro raro, pensaría que azaroso porque el tipo no quería hablar conmigo sino con quien cubriera la información de cultura, quien quiera que fuera el encargado.

Andaba (como de costumbre por esos años) muy atareada por cumplir mi cuota de notas para la sección cultural (misma que en el 2009 cerraron los altos mandos del diario bajo el argumento de que la cultura no vende, bola de ignorantes, y después -como sobrante que fui- me corrieron). En ese tiempo cualquier visitante sorpresa que llegara a la redacción era prontamente despachado por mí con la arrogante explicación de que tenían que hacer cita (o sea: mi tiempo es mío, no de cualquier ocurrente con ánimos de fama).

Una tarde así llegó Armando Muñoz García, quien se presentó como arquitecto, escultor y artista. Empezó diciéndome “mire, traigo un proyecto, ando buscando fondos para restaurar una escultura muy representativa de Tijuana que hice en 1989, a lo mejor la ha visto, es una mujer blanca”. ¿Qué? ¿En serio? ¿Es usted el autor? Claro que conocía a la mujer blanca, así nada más de lejitos pero sin duda sabía quién era, y sabía también de su trascendencia en el accidentado paisaje urbano.

De inmediato cambié la actitud pedante por la de auténtica fan y lo pasé a mi oficina. Allí estuvimos hablando de la famosa fémina de concreto, aunque Armando lo que quería era llevarme a ella, explorarla de cerquitas, platicar desde sus entrañas. Acepté. Maestro, déjeme acabar mi jornada y lo alcanzo allá para poder charlar sin prisas. Aceptó. Una hora después ya nos encontrábamos en el lugar mi novio y yo, él en calidad de fotógrafo.

No fue sencillo llegar porque la Colonia Aeropuerto, al igual que muchas de Tijuana, no tiene sus calles trazadas como una cuadrícula, sino que van adquiriendo forma según los cerros mutilados. Por suerte mi bato tiene buen sentido de orientación en las disformes avenidas de la ciudad y al segundo intento dimos con la casa. Armando nos recibió.

La primera vista que uno tiene de la mujer es de sus nalgas, las cuales vienen quedando como en el tercer piso de una construcción común. Era realmente impresionante encontrarse ante semejante monumento, y lo digo en dos sentidos: monumento como sinónimo de escultura y monumento como le puede decir a una mamacita cualquier ojo-alegre. Fiu fiu.

Platicando con el autor por fin supe de la intimidad de la mujer, a la que muchos llaman ‘la mona’. Su nombre real es Tijuana Tercer Milenio, su acta de nacimiento dice que vio la luz en 1989, año en que Tijuana celebraba su centenario como cuidad y año también en que los panistas ganaron la primera gubernatura en México (¿gracias? al sandieguino/ensenadense Ernesto Ruffo Appel que triunfó en Baja California).

¡Pero qué curvas, qué nalgas, qué chichis! Pensaba pasmada desde abajo, muy debajo de ella, toda una giganta. ¿Y quién es? ¿Una ex novia? ¿Una amante? ¿Una puta? ¿Producto de la imaginación de Armando? Quise preguntarle todo eso, mas el arquitecto/escultor/artista prefirió hablar de la falta de presupuesto para restaurarla, conmoverme para lograr a través de un reportaje mío conmover a los inconmovibles funcionarios, y ver si éstos destinaban algo (lo que fuera) para evitar su inminente derrumbe.

La pobre lucía toda carcomida. Mide 17 metros de altura y ha sido visitada por extranjeros (de éste y otros continentes) dada su fama de mujer/casa/monumento. Armando fue su huésped por algunos años, un verdadero loco con iniciativa. Vivió en ella cuando era de inmaculada blancura. La recámara, pequeña pero habitable, se ubica en los senos. En el torso, la cocina; y en las nalgas (¿ironía?) está el baño. O estaba. La mona sigue en pie (literalmente en un pie porque el otro está casi derruido) y ya no puede cumplir la función de resguardo, no en estas condiciones.

Entré a auscultarle los adentros. No fue fácil circular en ella porque los espacios entre una habitación y otra son francamente diminutos, y frágiles dada la falta de mantenimiento. Pero logré un avistamiento hermoso cuando llegué a la alcoba. Resulta que entre los senos hay un balconcito (o vestigios de él), lo que permite que uno al asomarse se sienta como un Goliat transexual, porque al mirar en picada se aprecian las delicadas piernas de ella como si fueran propias. También desde esa vista es posible sentirse toda una Tetanic, con esas enormes y tiesas tetas enmarcando el paisaje. ¿Y el paisaje? Caos, pobreza y suciedad. La mona está casi en un basurero.

Por fin pregunté ¿y hubo modelo? Afirmativa respuesta. Armando solía trabajar el desnudo en base a sus encuentros carnales (artista al fin), sin embargo las curvaturas deseadas para este molde debían encajar en específica sabrosura, casi como los cuerpos de las rumberas de la Época de Oro. Entonces se lanzó a una cacería por los congales de Tijuana (menuda tarea) hasta dar con la voluptuosa desnudista de sus sueños (y pronto de sus realidades).

Al día siguiente de conocerla (y un poco de enamorarme) hice una gran nota que -como era de esperarse- provocó poca cosa en los repartidores de presupuestos. Y así han pasado los años: olvidada por quienes podrían salvarla.

La mujer es considerada uno de los símbolos de la ciudad desde su creación y fue incluso orgullo de los panistas tras inaugurarla Ruffo Appel, pero (¡claro!) pronto se vio relegada por él y los subsecuentes gobernadores, todos emanados del mismo partido. Digamos que representa el deterioro de un régimen, o bien, lo que a este sistema le ha importado la cultura. Y eso que ‘la mona’ levanta su puño derecho.

Hoy aún sobrevive entre escombros, ropa tendida, contaminación, llantos infantiles, sonidos carreteros y turbinas de aviones: vendada, rota, sucia, hueca, pobre, alegórica, decolorada, con pseudónimos y desmemorias. Eso sí, aún la agarran de símbolo para los montajes gubernamentales: en el 2010 el ayuntamiento hizo entrega de 22 reconocimientos a personajes que supuestamente han aportado gran cosa a la ciudad y el honor lo hicieron con una presea en forma de esta mona, a la que siguen prostituyendo. Entre los galardonados: una golfista, varios empresarios (o sus esposas y sus viudas), fresas altruistas de la psique, publirrelacionistas y doñas-golpe-de-pecho pertenecientes a la Liga de la Decencia (¡háganme el favor!). Me imagino que todos se vanaglorian del distintivo, en sus casas u oficinas, pero ¿sabrán que exhiben el cuerpo a escala de alguna anónima teibolera?