lunes, 18 de abril de 2011

Los hándicap del proyecto ‘Zócalo 11 de Julio’


por Melina Amao Ceniceros
notas.tijuana@gmail.com
Nota publicada en La Ch: AQUÍ


Muchas voces en Tijuana han opinado respecto al proyecto del ‘Zócalo 11 de Julio’ que se pretende construir entre los dos palacios de gobierno (municipal y estatal): algunas lo rechazan bajo argumentos de ecocidio y otras lo validan como un espacio que permitirá el encuentro entre la población. Pero en términos urbanísticos y sociales existen expertos que analizan la propuesta, como el doctor Tito Alegría, investigador del departamento de Estudios Urbanos y Medio Ambiente, del Colegio de la Frontera Norte (Colef). Él vislumbra resultados pobres.

De principio el urbanista Tito Alegría apoya que un espacio público se mejore, sin embargo no ve que en la convocatoria para el diseño y construcción del proyecto del ‘Zócalo’ se hayan considerado importantes condiciones, como el arreglo del microespacio para atraer gente diversa.

“El asunto de la significancia, el simbolismo de los espacios de la ciudad, tiene que ver con su capacidad de atraer a la gente, y el diseño es un factor solamente. Otro factor importantísimo es qué le vas a dar a la gente para que vaya ahí”.

El especialista observa que si el planteamiento de la edificación de esta plaza pública tiene un sentido social, de comunidad, de ser promotora del encuentro; ello debe suponer una infraestructura que permita la convivencia de gente diversa (social, cultural y económicamente diversa), para lo cual es necesario considerar varios factores: que las personas discurran sin obstáculos, sin tener que cambiar de lugar para ir al baño o por una botana, que haya sombras y accesibilidad desde todas partes de la ciudad. Pero principalmente –mencionó– se debe analizar ¿a qué puede acudir la ciudadanía? (al margen de los días en que haya eventos).

“Tradicionalmente ¿por qué la gente iba a los parques?: porque estaba cerca de la iglesia, del mercado, del restaurancito, porque hay juegos para los niños. Había muchas cosas atractivas, la atracción de lo diverso estaba garantizada porque había una oferta de diversas actividades en las plazas tradicionales, que aún siguen vivas. Yo no vi este tipo de requisito cuando hicieron la convocatoria, hablaron de manera muy abstracta sobre la plaza de la ciudad”.

Aún sin construirse, el urbanista del Colef ya identifica dos hándicap (desventajas, limitantes) en cuestión de diseño dado que se trata de dos edificios inamovibles: los palacios de gobierno, los cuales representan un par de paredones cerrados los fines de semana (y con horario de oficina entresemana), cosa poco interesante como para ir. Y además hay otro hándicap desde su perspectiva: la iglesia de enfrente, también obra en proceso.

“De entrada ya hay una camisa de fuerza que no la debía haber tenido, pero por otro lado no tiene espacio para hacer gran cosa. Desde el principio ya se puede saber que esa plaza no va a atraer mucho porque no va a ofrecer mucho, hagan lo que hagan, porque no hay posibilidad de modificar los frentes de la plaza. Entonces gasten lo que gasten el resultado final va a ser un poco pobre en términos de capacidad de atraer gente diversa, de permitir esta comunidad, esta civilidad compartida”.

Aparte de esto, el investigador Tito Alegría explica que el patrón de plaza pública atrae poco en la actualidad, debido a que existe gran diversidad de oferta: los centros comerciales (y sus cines) encabezan la lista de lugares a donde la gente prefiere ir. O sea, la plaza pública es un concepto un tanto anacrónico en el mundo contemporáneo.

Estéticamente, las ciudades del norte de México carecen de una estructura colonial como las del centro del país (esto es: catedral, poderes gubernamentales, parque, zócalo), donde el modelo es centrípeto (todo parte de un centro). En Tijuana si bien existe una Zona Centro ésta no representa necesariamente el lugar más importante para la población. Es así como la frontera, el cruce fronterizo, tiene mayor significado. Esto lo señala el antropólogo Miguel Olmos, director del Departamento de Estudios Culturales del Colef.

El doctor Olmos se refiere a los lugares de memoria como los espacios de mayor valor entre los habitantes, y apunta a la falta de lugares de memoria colectiva en Tijuana señalando los motivos de este fenómeno: por un lado los primeros pobladores eran de caza/recolección, es decir, no eran comunidades que se asentaran; por otra parte, Tijuana es una ciudad joven, y además se trata de una ciudad de migrantes.

De esta manera, es difícil crear la tradición de acudir a un nuevo espacio cuando se carece de memoria de dicho espacio, aunque asimismo –indicó el antropólogo– el espacio se va diversificando.

“Creo que los centros y los puntos de encuentro se van desplazando de acuerdo a la coyuntura y de acuerdo a cómo la gente va llegando y va creando una tradición de memoria. La tradición no es otra cosa más que eso: la tradición es memoria”.

La construcción del ‘Zócalo 11 de Julio’, impulsado por la empresaria Carolina Aubanel, se contempla arrancará este verano con una inversión de mil 200 millones de pesos (entre presupuesto público y privado), esperando concluir el proyecto en el 2013. Aún falta dar a conocer qué empresario será concesionario del estacionamiento que contará con 2 mil 700 cajones.