miércoles, 8 de febrero de 2012

Madame Ur y Sus Hombres, más allá de la música


por Melina Amao Ceniceros
fotos: garagephotostudio.com
notas.tijuana@gmail.com
Publicada en La Guía Tijuana: AQUI


Sentados en esas pequeñas sillas de ese pequeño y tradicional bar de la Calle Sexta, el Dandy del Sur (escenario de uno de sus videoclips), el cuarteto se dispone a charlar sobre sus proyectos y también sobre su visión del entorno musical en el que se desenvuelve, una escena a la que pertenece desde el 2006 bajo la nomenclatura de Madame Ur y Sus Hombres.

El nombre de este ensamble no es fortuito, pues son –en efecto– una madame con sus hombres, es decir, una cantante y compositora con clara visión del objetivo escénico y musical que desea lograr, y tres músicos que construyen y enriquecen dicha visión inicial hasta amalgamar un concepto que se traduce a discos y conciertos que se pasean del jazz al cabaret.

La madame en cuestión es Azzul Monraz, y los hombres Joel Castillo (teclados), Toto Zúñiga (bajo) y Carlos María (batería). Y es que a esta madame le sedujo la idea de construir una identidad musical-escénica por aquello del 2002, y poco a poco la seductora idea en la seductora Azzul fue sumando músicos (primero Toto, luego Carlos María y por último Joel) hasta que a finales del 2006 se consolidó como cuarteto.

Joel, con gafas semioscuras y en la esquina de ese bar que le baña de una luz naranja, platica el proceso musical de Madame Ur y Sus Hombres, proceso que ha derivado al momento en dos producciones discográficas (‘Men & Pearl Necklaces’ y ‘Animal Man’) e incontables conciertos.

“Regularmente Azzul llega con una melodía y una letra, una idea de una canción, y nosotros lo que hacemos es, tomando en consideración todo eso, empezar a trabajar la canción y muchas veces el producto final es muy distinto a lo que inicialmente estábamos buscando, que ésa es la magia de hacer música”.

El sonido jazzístico y a veces un tanto al estilo Broadway que emerge de los instrumentos del grupo (incluyendo la voz de Azzul) no es un planteamiento que Madame Ur y Sus Hombres haga como fórmula a la hora de construir sus piezas, sino que se trata de un lenguaje que les resulta natural, tal como Toto lo comenta:

“El sonido jazz no es algo que lo pensemos de decir ‘quiero que suene así’, las canciones nuevas son totalmente distinta una de la otra aunque a lo mejor tienen el sello del feelin’ que es muy difícil explicar, pero tiene como una personalidad definida cada canción, eso no lo piensas ni se planea sino que se va dando en el momento. Es muy natural la química que existe entre nosotros, y el resultado ahí está; creo que eso se refleja en el show el vivo que fluye todo y nos divertimos mucho”.


Íntimo concierto

Foros grandes o pequeños para Madame Ur y Sus Hombres representan la misma entrega, tanto en el lenguaje puramente musical como en el desarrollo performático del que Azzul es protagonista. Así detallan vestuario, proyección de visuales y lenguaje corporal para cada espacio en el que se presenten, entendiendo las posibilidades del lugar. Y su próximo escenario en Tijuana no será la excepción: un pequeño foro (El Lugar del Nopal) para el que ya vislumbran un concierto íntimo.

Azzul, espigada madame, en este diálogo adelanta algo de lo que se apreciará para dicho concierto:

“Es una noche completa con nuestro concepto para compartir bien de cerca, porque El Nopal es un lugar bien íntimo y tenemos muchas ganas de hacer esto en la ciudad. Ese ambiente que se va generando entre el público y nosotros, que es la esencia de cabaret que sucede en nuestros conciertos, tenemos muchas ganas de compartirlo”.

Imágenes autoría del artista Aldo Guerra se proyectarán sobre Azzul, quien a su vez dará realce al juego visual cubriéndose de un velo para generar nuevas sensaciones de texturas y colores. Esto, claro, enmarcado por lo fundamental: transfiguraciones sonoras de un bajo, una batería y un teclado que danzan con la voz (a veces grave, otras aguda, otras áspera) de la madame, misma que igual palabrea que sólo entona.

Madame Ur y Sus Hombres prepara un set con temas de sus dos producciones y una probadita del que pudiera ser un siguiente álbum.


Una madame más oscura

Por el momento son sólo ‘maquetas’, o sea, canciones un tanto incompletas, pero Madame Ur y Sus Hombres con ellas ya planea un siguiente material que pese a que son piezas aún prematuras dejan ver una identidad más oscura, que se refleja en la letra y en la música.

Sin abandonar las temáticas que le han caracterizado, Azzul se adentra al mundo de las relaciones entre personas y desde allí cuestiona y plantea la necesidad de romper ataduras mentales, preconceptos, estructuras.

“Los temas van muy sensuales por decirlo de alguna manera, creo que hablan mucho de libertad, de vivir la vida en una estructura no lineal, de apertura mental, de borrar límites, borrar compromisos sociales, estigmas y patrones; generar tus propios patrones de vida, tus propias ideas, tus propios juegos, tus propias maneras de vivir y convivir”, detalla Azzul, que confiesa su tendencia a componer de forma intimista.

“El tema del lado oscuro, lo prohibido, de lo políticamente incorrecto, de lo que no se ve bien pero todos hacemos, para mí ésos son los temas que me parecen muy interesantes”, continúa la madame, cuya concepto lírico va de la mano del musical en esta mencionada atmósfera oscura.

Joel agrega: “En lo musical a comparación del disco anterior los temas son como mucho más oscuros, estas canciones nuevas son como otra generación de canciones, creo que tienen evolución”.

Las incertidumbres de la escena independiente lleva a que el grupo no cuente con plazos para la grabación y el lanzamiento del disco que comprenderá estas nuevas piezas, pero al menos tienen una certeza: este año entran al estudio.


Siempre profesionales

Al paso del tiempo Madame Ur y Sus Hombres se ha hecho de una presencia en el ambiente musical regional (fronterizo) y nacional que –como otros aspectos de su trayectoria– no es fortuito. El cuarteto trabaja no únicamente en la construcción de un concepto que se aprecia en escena o en los discos, además asume su oficio con la seriedad de su propia entrega.

Carlos lo señala y sus compañeros lo secundan: “Te tienes que creer que eres profesional y actuar como tal, todo eso va ligado a tu desarrollo como músico, a aportar cosas de calidad, a preocuparte por ofrecer algo de calidad, eso ha sido algo fundamental en el grupo: cuidar toda la estética tanto visual como musical”.

Pero no es sólo eso, es también el respeto al trabajo propio del músico y al público, añade Azzul: “Creo que tiene que ver con ese cariño que le tenemos a nuestro trabajo y esa entrega, lo que significa para nosotros este proyecto; para mí es esencial realizarlo, tengo una obligación siento con el público, poco a poco ha ido creciendo. Aunque sea un grupo pequeño de personas ya hay un compromiso y una obligación de ofrecer buena música”.

Tan es así que las invitaciones a tocar en mayores y mejores foros se multiplican: antes de su concierto en Tijuana serán teloneros de Los Amigos Invisibles en el 4th&B (San Diego, CA) el 10 de febrero.

Y, profesionales como son, cuentan con todas las conexiones en línea para difundirse: www.madameur.com, http://soundcloud.com/madame-ur-y-sus-hombres, facebook.com/madame-ur-y-sus-hombres, twitter.com/madameur.




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¿Qué?
Madame Ur y Sus Hombres en concierto

¿Cuándo?
17 de febrero de 2012, a las 9:00 PM

¿Dónde?
El Lugar del Nopal

¿Cuánto?
120 pesos

lunes, 6 de febrero de 2012

Javier Bátiz, Tijuana y su influencia en el rock mexicano


por Melina Amao Ceniceros
notas.tijuana@gmail.com
Publicada en Distintas Latitudes: AQUI

Marqué a su casa. Contestó esa voz profunda, grave, rasposa. Me dijo: Yes? Pregunté por Javier Bátiz. Esa voz de lija respondió: This is he. Me identifiqué y enseguida vino la algarabía, mas no porque fuera yo quien se comunicaba sino porque él es un dicharachero que en cualquier oportunidad te embroma. A propósito de temas roqueros, le busqué para charlar sobre sus inicios en la escena, aunque esto de ‘la escena’ para él abarca lo local, lo fronterizo y lo nacional. Me citó en su casa, al término de una de sus sesiones con jóvenes a quienes les enseña a requintear con feelin’. Las clases son en su domicilio, lugar en el que nació: una casa antigua y larga que se extiende en un amplio terreno de la Zona Centro.

Javier es guitarrista, cantante, compositor, maestro de guitarra. Es tijuanense y ha vivido el rock desde sus 12 años, cuando creó el grupo Los TJ’s en 1957. Pero en esos tiempos lo que en el país se andaba haciendo en cuestión roquera (al menos lo que se masificaba mediante la televisión y la radio) tendía más al rock & roll meloso (un tanto fresa y ñoño) o a meras traducciones de éxitos de los Estados Unidos y no a un rock estridente, al blues, al soul o al jazz, que eran ritmos con los que los fronterizos del norte estaban familiarizados dada la facilidad de sintonizar estaciones radiofónicas estadunidenses de trasmisiones de dicho corte.

Llegué a la casa de Javier, minutos después del término de su clase, para de ahí seguirlo a un nuevo bar de la Calle Sexta (avenida que concentra una importante cantidad de bares y pequeños foros musicales, y por ende una considerable asistencia de jóvenes tijuanenses). Ahí él mataría dos pájaros de un tiro: charlaría conmigo y también con el dueño del lugar (el delegado de la Zona Centro) para tantear las aguas y ver si le interesaba contratarlo junto con su banda para amenizar algunos fines de semana.

De inicio, me narró el impacto que tuvo en él la película ‘Blackboard Jungle’ (1955), la cual –me explicó– en Tijuana se estrenó al mismo tiempo que en el otro lado (ventajas fronterizas). El tema de Bill Haley ‘Rock around the clock’ con el que abrió el filme se convirtió en un clásico instantáneo que maravilló principalmente a los de inquietudes musicales: se trataba de una pieza que poseía una intensidad todavía no acostumbrada, una pieza que asustaba a los padres de adolescentes pues incitaba a sus hijos a rocanrolear todo el día.

One, two, three o’clock, four o’clock, rock,
Five, six, seven o’clock, eight o’clock, rock,
Nine, ten, eleven o’clock, twelve o’clock, rock,
We’re gonna rock around the clock tonight…

Y a Bátiz, que sin ser músico profesional ya poseía influencias de la llamada música negra, le marcó ‘Blackboard Jungle’, filme un tanto determinante en su carrera:

“Mis inicios fueron muy suaves porque estando aquí en la frontera de Tijuana, tan cerca del otro lado, nos llegó al mismo tiempo que como salió en Estados Unidos la película ‘Blackboard Jungle’, y estaba muy suave la película. Empezaba con una canción de Bill Haley, la de ‘Rock around the clock’, entonces fuimos todos a ver la película y nos encantó a todos mis amiguitos y a todas nuestras novias. Oí la música y dije ‘esta música es la que tengo que tocar’, aparte que yo ya traía todas mis ilusiones porque había escuchado yo en el radio a T-Bone Walker, Elmore James, Howlin Wolf, John Lee Hooker y a todos los jazzistas negros, entonces yo ya quería hacerla pero gacho en el rock”.

Javier, que también es conocido como El Brujo, se aventuró a formar un grupo musical con amigos a quienes les proporcionó instrumentos y la enseñanza para saber ejecutarlos. Y hoy, 55 años después, la fecha de su debut la recuerda bien: 28 de junio del ‘57, en la escuela Álvaro Obregón (hoy Casa de la Cultura de Tijuana), bajo el nombre de Los TJ’s.

“En la escuela empezó toda mi odisea, porque canté por primera vez el 28 de junio de 1957 en la escuela Álvaro Obregón, y bien suave porque no había músicos y nosotros no éramos músicos, pero a mí Santa Claus me había traído saxofones, batería, guitarras, un piano, una guitarra acústica de seis cuerdas. Entonces ahí les dije a todos mis amiguitos que iban conmigo en la escuela ‘tú vas a ser baterista, tú vas a ser bajista, tú vas a tocar el saxofón’, y yo les enseñé a todos a tocar e hicimos una bandita que se llamó Los TJ’s. Y mientras les estaba enseñando a ellos también llegó Carlos Santana, pero también el Meño Peraza, el Bayoye García, el Cali, el Arturo Granados, el Arturo Martínez, el Chichí López, un montonal de músicos y aprendieron a tocar conmigo, nos hicimos muy famosos y esa fue mi entrada aquí al rock en Tijuana”.

Su traslado a la capital del país se debió a las caravanas Corona Extra en las que hacían gira por diversas ciudades del país algunos de los grupos musicales más famosos, entre estos Los Rebeldes del Rock, Los Hooligans, Los Locos del Ritmo, Los Teen Tops, Los Boppers… Johnny Laboriel era entonces vocalista de Los Rebeldes del Rock, pero al perseguir su carrera solista el grupo invitó a Bátiz a audicionar para convertirse en el nuevo líder de la banda, cosa que no ocurrió dado el tono áspero en la voz de Javier, que desentonaba con canciones como ‘Melodía de amor’. Javier me cuenta esto, me canta el coro y ríe diciendo “¿te imaginas, con esta vocecita?”. Y río también, justamente porque me lo imagino. A pesar de viajar con un objetivo que no logró, su estancia en el Distrito Federal fue fundamental en su carrera, ya que al día siguiente de su audición encontró trabajo haciendo lo que mejor sabe hacer: roquear en el escenario con innegable apego al blues.

Pronto se integró a la escena del rock nacional pero sin perder sus influencias sino –por el contrario– reforzándolas y compartiéndolas, con todo un estilo que rodea su identidad roquera más allá del poderoso sonido de su guitarra y lo aguardentoso de su voz. Elementos de la cultura pop estadunidense y fronteriza de la mitad del siglo XX fueron los que le acompañaron al centro del país y que de alguna manera introdujo a una comunidad distante de esas tendencias, tales como los pantalones de mezclilla marca Levi’s (que dejaron de ser pantalones obreros para empezar a popularizarse entre los jóvenes de EU en la década del 50), las botas picudas de tacón para hombres, expresiones como ‘bato’ e incluso el consumo de otros productos, como la soda Seven Up o las revistas Playboy. Muy risueño, tras unas gafas oscuras y su habitual greña crespa alborotada, Bátiz agrega “no sabían que existían”.

“Un montonal de cosas que introduje pero sobre todo introduje la forma de tocar guitarra de una manera muy peculiar, muy personal, y la manera de cantar también porque no sabían cómo le hacía para raspar la voz pero pues era natural. Esa vocecita es uno de los distintivos”.

Pero en esta charla, El Brujo no quiere ser el único que hable de su relevancia en el rock nacional y por ello (además de recomendarme algunos libros, como ‘Los Ignorados: lo que no se escribió de la historia del rock en Tijuana’ de Sergio Raff) me facilita el DVD que Felipe Parra realizó en 2011 para la serie de documentales audiovisuales que lanzó el Instituto de Cultura de Baja California titulada ‘Creadores de Baja California’. El DVD en cuestión lleva el título de ‘El padre del rock & roll mexicano, Javier Bátiz’ y es una producción de 50 minutos que me ilustra en pasajes que detallan cómo en la década del 60 y principios del 70 la escena nacional se caracterizó por la invasión de grupos de rock provenientes del norte, con estilos y ritmos que distaban de lo realizado hasta entonces en la Ciudad de México. Ejemplo de estos grupos son Los Apson, Los Yakis, Los Jets y Dug Dug’s.

Continúa el documental rezando, en la voz de un narrador muy serio, lo que particularmente esta ciudad aportó:

“Tijuana ocupa un lugar especial en este movimiento, ya que para los críticos y cronistas de música como [Víctor] Roura, José Agustín, Parménides [García Saldaña], [Federico] Arana, era el Sonido Tijuana: calidad, nivel de ejecución excelente, conocimiento y audacia que caracterizaba a los grupos que iban y venían de Tijuana al DF. Javier Bátiz fue el pionero, después Los TJ’s, Tijuana Fine, Los Johnny Jets, Rockin Devils, Love Art, Ritual, Peace And Love, todos venían de una ciudad en la que los visitantes disfrutaban y escuchaban blues y rock de alta calidad… A Tijuana se le consideraba la capital del rock en México, la universidad del rock & roll nacional”.

“Y desde entonces”, me dice el legendario músico cuando platica de su primer trabajo, “no he parado”.

Al día siguiente de la entrevista, vuelvo a la casa de Javier y me entero que las fechas en el nuevo bar de la Sexta, administrado por el delegado del Centro asociado con “un español”, no se concretaron porque el funcionario/empresario decidió meter entre la variedad el sistema karaoke, una verdadera grosería para los músicos (que siguen abundando en la ciudad). La avenida Revolución, algún tiempo escenario de numerosos grupos locales, ha desplazado a los músicos reemplazándolos con dj’s, rocolas y –en algunos casos– con karaoke. Pero Javier Bátiz no se sorprende, acaso se molesta un poco por la falta de visión de ciertos empresarios pues quisiera que el movimiento musical tijuanense contara con el apoyo de foros para presentarse. De cualquier forma él sigue sus andanzas roquera-blueseras con una agenda ocupada que incluye conciertos en varias ciudades de los Estados Unidos y algunas del centro del país, clases a jóvenes guitarristas a quienes hereda su sello (el alumno más chico tiene 14 años), y hasta el estreno de un largometraje mexicano en el que encarna a un viejo músico tijuanense.

Pese a que cuenta con una vasta cantidad temas propios, una de las más emblemáticas piezas que interpreta –dada la versión que con ella hace– es ‘La casa del sol naciente’ (‘The house of the rising sun’). Acá una muestra: