miércoles, 16 de octubre de 2013

Lila Downs: mujer-iguana, mujer-paloma…

por Melina Amao Ceniceros
[texto y fotos]
Publicado en La Ch: AQUI

No basta con describir a manera de crónica lo que ocurre en los conciertos de Lila Downs para transmitir a los ausentes aquello que se perdieron; no basta porque escapa de la narrativa el ambiente que enmarca todo el espectáculo: ambiente-ritual inenarrable. La lectura de la crónica de un concierto debería acompañarse con la música del artista, en un intento por acortar la distancia entre la experiencia y el lector; para este caso debería –además– acompañarse de unos tragos de mezcal, elixir oaxaqueño. Justo así inició la ritualidad de la noche del 12 de octubre en el Antiguo Palacio Jai Alai: con un trago de mezcal, de la boca de una botella a la boca de Lila Downs. Ello dio obvio y conveniente paso a ‘Mezcalito’, primer pieza de su más reciente álbum ‘Pecados y milagros’.

“…Pa’ todo mal: mezcalito; y para todo bien, también” reza uno de los versos de la canción, versos coreados por quienes han seguido su producción musical y saben que Lila es mucho más que una intérprete de himnos tales como ‘La llorona’. Lila danzó con la botella y la botella danzó con ella.

“¡¿Qué pasó Tijuana?! Ya venimos a la frontera otra vez a cantarles a ustedes algunos de los pecados y los milagros de nuestras vidas. También para ustedes y con mucho cariño, en este día tan especial, a este elixir de los dioses”. Dejó la botella e invocó a “el Buki mayor, Marco Antonio Solís” para dar voz a ‘Tú cárcel’ en una versión suave y pausada.

Con su ya tradicional vestimenta de identificables motivos folklóricos mexicanos, estilizados y sensualizados para la cadencia de Lila; siguió una breve referencia al 12 de octubre, cuestionada conmemoración por el mestizaje, Día de la raza. “Celebremos, siendo mexicanos, la raíz indígena, la raíz africana, la raíz española…” pronunció antes de interpretar uno de sus clásicos performances: “La iguana”.

De pronto la artista mutó sobre el escenario y poco a poco dejó de ser mujer para ser iguana, reptil que se cayó de arriba de una escalera… al ritmo de son jarocho. Momento lucidor para Celso Duarte, el multi-instrumentista que en su identidad arpista musicalizó además el zapateado de Leo Soqui, acordeonista que para tal acto dejó salir su identidad danzante.

“Mueve la cabeza ea ea / Cómo cabecea ea ea / Saca su lengüita ea ea / Cómo lengüetea ea ea / Que se tira al piso ea ea / Como que pisea ea ea / Saca su colita ea ea / Como que colea ea ea / Saca las uñitas ea ea / como que piuñea ea ea… a la jea jea a la jea jea: una iguana se cayó de la rama de un amate”.

Aprovechando las habilidades del arpista, ‘La iguana’ se hiló con ‘La bamba’ para enseguida bajar el tempo pero subir la intensidad con ‘La martiniana’, cuya presentación fue introducida por una reflexión de Lila acerca de las lenguas indígenas sobrevivientes, dando crédito al compositor de la pieza: Andrés Henestrosa.

Ubicados en el sur mexicano, porque Henestrosa era oaxaqueño, el concierto viajó todavía más al sur al escucharse ‘Tren del cielo’, con la que la cantante refirió a los migrantes centro y sudamericanos que sortean la vida en La Bestia, ese ferrocarril que abordan cientos, miles, de hombres y mujeres en el sureste del país en busca –paradójicamente– de mejores condiciones de vida… arriesgando todo; a veces, perdiendo todo. La canción fue acompañada de imágenes del tren y dedicada a la memoria de los migrantes fallecidos.

‘Naila’, otra de las favoritas, apareció en versión cumbia, lo que permitió al público bailar acaso por vez primera un tema de aspecto más bien melancólico. Pero si de melancolía se trata, el bloque que le precedió fue aún más sufridor, con una selección de covers compilados en su álbum ‘Entre copa y copa’. Así, Lila y las casi 3 mil personas reunidas en El Foro entonaron ‘La cama de piedra’, ‘Pa’ todo el año’, ‘Tu recuerdo y yo’ y ‘Fallaste corazón’.

Sobre una fusión musical entre la tambora sinaloense y el tribal regiomontano, Lila cantó ‘La madrugada’ girando por los aires su rebozo fiusha. Al terminar, fue el turno de ‘Vamonos’, lo que apaciguó nuevamente los bailes aunque no por mucho tiempo pues le continuó ‘Zapata se queda’, otra de sus cumbias con estilo sonidero en homenaje al “caudillo mayor”, originalmente grabada con Celso Piña y la colombiana Totó La Momposina.

Al parecer el concierto estuvo diseñado justamente así: oscilaciones de contoneos y solemnidades, es decir, un tema incitador de bailes alternado con un tema sufridor y reflexivo.

Otra mutación mujer-animal tuvo lugar cuando apareció ‘Cucurrucucú, paloma’, donde Lila Downs aleteaba en su rebozo plumado y emitía el zureo de las palomas. Arrullo suave y agudo.

Cuando dijo: “Yo sé que en Tijuana se come muy buen mole”, el público anticipó que aparecería ‘La cumbia del mole’, una receta infalible no solo para preparar el tradicional platillo sino para continuar la fiesta. De ahí, fue momento de invocar al espíritu de Chavela Vargas con ‘Cruz de olvido’, para al finalizar tomarse una pausa de agradecimiento a Tijuana y al Instituto de Cultura de Baja California, pues el concierto se ofreció en el marco de las actividades del Festival de Octubre.

Fuera de programa, Lila complació –a cappella y en mixteco– con una versión corta de ‘El feo’, cerrando el set con ‘El palomo del comalito’. Acto seguido, la banda completa se tomó el receso habitual en espera de que los asistentes soliciten (es decir, exijan a gritos) otra (otras, en realidad) canción más. El ruego duró poco, y los músicos con Lila regresaron a dar el último trío de canciones con ‘Piensa en mí, ‘Tacha la teibolera’ y la ineludible ‘La llorona’.

Algo que se agradece o al menos se reconoce de esta producción es que no hubo limitaciones para tomar fotos o grabar video, a diferencia de otros espectáculos donde esto está totalmente controlado tanto para el público como para la prensa. Por ello, ya se pueden ver en youtube cantidad de videos (profesionales o no) de la presentación de la noche del sábado. Aunque quizá aun los videos no alcanzan a registrar el misticismo del momento, la magia de Lila. Eso solo frente a ella.

 
 
 

Narcotráfico en México: mecanismos de control y la necesidad de un proyecto distinto


por Melina Amao Ceniceros
Publicada en Distintas Latitudes AQUI

Los sistemas geopolíticos de pretensiones totalitaristas echan a andar mecanismos de control y regulación cuyos fines si bien se expresan bajo argumentos de bienestar esconden intereses de otras índoles, esencialmente mercantilistas y financieras bajo una lógica de voracidad, explotación y saqueo. De ello deviene una serie de consecuencias que se materializan en políticas prohibicionistas y de castigo, justificaciones discursivas para asegurar la reproducción del sistema, y acciones en detrimento de la población, en particular de los sectores vulnerables –vulnerables tras ser vulnerados mediante exclusión y violencia, legitimadas institucionalmente y perceptibles en los racismos y otras discriminaciones. Resulta evidente la necesidad de plantear otro proyecto-sistema.

El interés de este texto es desentrañar, desde el fenómeno del narcotráfico en México, los mecanismos de control que operan en la sociedad tanto en lo público como en lo privado, y revisar el proyecto decolonial como una alternativa para cambiar de paradigma e imaginar nuevas formas de vida.

Narcotráfico: contexto y pretexto

Durante la ‘guerra contra el narco’ o ‘combate frontal al crimen organizado’ del sexenio de Felipe Calderón, las muertes violentas –de manifestaciones terroríficas (ejecutados con huellas de tortura, cadáveres diluidos en ácido, o decapitados, o cercenados, o pendiendo de los puentes, o carbonizados, o entambados, o encajuelados, o encobijados)–, desapariciones, secuestros, extorsiones y la criminalidad en general (bloqueos carreteros; balaceras dentro de casas, salones sociales o a la intemperie) incrementaron considerablemente, todo ante una postura de ‘mano dura’ que el gobierno federal justificó mediáticamente con el eslogan: “para que la droga no llegue a tus hijos”.

Bajo ese argumento, se desplegaron programas de seguridad como la Estrategia Integral de Prevención del Delito y Combate a la Delincuencia[1], que ante las estadísticas se puede ver que sirvió de poca cosa, al menos en el sentido protector que alegaba el Estado. En Tijuana, por ejemplo, los índices de actos violentos perpetrados por el crimen se elevaron en 2008[2]. Respecto al país entero, el Observatorio Nacional Ciudadano[3], con base en cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) acerca de los índices de homicidios dolosos del sexenio pasado, indica que “en México durante los últimos seis años hemos experimentado altos niveles de violencia vinculados con diversos factores como la falta de un control efectivo de la delincuencia tradicional, las luchas territoriales del crimen organizado y la importante circulación de armas” [Observatorio, 2012:6].

Asimismo, el análisis de José Miguel Cruz [2010:69], aunque se enfoca en Honduras, dadas las similitudes políticas y sociales sirve para explicar los componentes estructurales que dan origen a la criminalidad en México, entre los que distingue la desigualdad socioeconómica, el crecimiento de las redes del crimen organizado, la ineficiencia de las instituciones y el endurecimiento de las políticas de seguridad del Estado. A esta ruta de elementos se le puede sumar, para el concreto mexicano, la corrupción y la impunidad (quizá contenidas en la noción de la ineficiencia de las instituciones mencionada por Cruz); aspectos que desarrolla José Manuel Valenzuela Arce [2009:322] al señalar respecto al sexenio de Calderón que en un “marco de creciente poder ilegítimo e impunidad del crimen organizado, de una guerra plagada de complicidades, connivencias, desconfianza ante sus protagonistas y sus estrategias, se ha incrementado la violación de derechos humanos”.

Pero no se trata solamente del incremento en la violación de derechos humanos sino además de su legitimación mediática, discursiva e institucional. Es decir, el narcotráfico como contexto se convirtió en pretexto del gobierno federal para justificar toda situación de violencia: asesinatos y desapariciones, feminicidios, militarización de ciudades, retenes policiales, cateos, toques de queda… todo encontró su respuesta (enunciativa y fáctica) en el narcotráfico y ello se vio masificado a través de los medios: spots maniqueos en radio y televisión acerca de la política de seguridad, sesgos o manipulaciones en los noticieros de mayor audiencia, e incluso el surgimiento de programaciones de ficción cuyas temáticas se tornaron evidentemente alineadas a un discurso oficial en una intención legitimadora de las prácticas del Estado. El especialista en audiencias Guillermo Orozco[4] tiene amplio trabajo hermenéutico, semiótico y lingüístico al respecto (por mencionar un ejemplo: la teleserie La rosa de Guadalupe transmitida por la cadena Televisa enclava su esencia en la moral católica y desde esa perspectiva presenta temas vinculados a la criminalidad y al narcotráfico, trasladando una problemática social al terreno de lo moral y disociando así todo análisis estructural del fenómeno. Para esta teleserie la solución a la inseguridad, y a todo, se encuentra en rezarle a la Virgen de Guadalupe, y no tiene empacho en [re]presentar casos trágicos como la balacera ocurrida en 2010 en Ciudad Juárez dentro de una fiesta donde hubo más de una decena de jóvenes masacrados[5]).

El contexto ha sido, pues, de incremento de la criminalidad y de violaciones a los derechos humanos, endurecimiento de las medidas de seguridad dispuestas por el gobierno (mayor vigilancia, mayor presencia militar), y del respaldo un tanto burlesco de los medios de comunicación para excusar toda acción gubernamental.

Estructuración e introyección del miedo

El Estado hizo de las drogas (las criminalizadas: cocaína y mariguana principalmente) el problema [social] que habría que eliminar, idea que prevalece y se mantiene por la moral católica, el colonialismo interno (como sistema reproductor de un orden social fundado en la desigualdad, reproductor de prácticas opresoras y diferenciadoras), y la legitimación de tales visiones mediante efectivas estrategias mediáticas…  Es decir, por las estructuras estructuradas y estructurantes, en términos de Pierre Bourdieu, donde la noción de habitus explica cómo operan los pensamientos, percepciones y acciones de los individuos, ergo de las sociedades. Sin afanes pesimistas cabe aquí decir que como sujetos en sociedad se está ya estructurados, pues se cuenta con disposiciones “duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones” [Bourdieu, 2007:86]. Esto es: hay condicionantes, componentes del contexto específico del espacio social (que al hablar del espacio social Bourdieu [1997:23] refiere a clases no en el sentido economicista de Marx, sino considerando propiedades culturales, políticas y sociales, además), que determinan la manera en que se “comprende” el mundo.

Las cuestiones moral y colonial (que tal vez no son muy distintas entre sí) como estructurantes de la sociedad mexicana tienen muchos más alcances que los discursivos; implican consecuencias más allá que el ‘mero’ (sin menoscabo) sostenimiento y reproducción de narrativas: se trata de un sistema de dominación que penetra lo público y lo privado, que regula y limita la agencia. Y se puede ver esto en el miedo. El miedo como política pública, el miedo como acción, como justificación, como herramienta para la subordinación. Fundamentalmente, como mecanismo de control. Valenzuela [2009:320] sitúa al miedo y al peligro (factores o acaso consecuencias) como elementos constitutivos de la vida social en México “que afectan la convivencia”, elementos enmarcados en “la fuerte obstinación gubernamental de mantener una receta fallida que apuesta por opciones policiales y militares”.

Pero antes de hablar sobre cómo se socializa con el miedo, es importante considerar lo anterior (o lo interior): el regulador moralizante que opera en distintas dimensiones y que encuentra su origen en la culpa católica (y acaso protestante, con ciertos matices) con su sistema de pecados, penitencias, flagelos y arrepentimientos; en la polaridad del bien y el mal. Michel Foucault deconstruye las disposiciones de “los cuerpos dóciles”, cuerpos disciplinados, para ceder (previa introyección) al poder, entendido como biopoder o anatomía política [Foucault, 2003:141]. Metaforiza esto con el panoptismo, donde las tecnologías dispuestas para vigilar son tan efectivas que el control viene ya del propio individuo, quien internaliza la regulación: se autovigila (no requiere ver  a su custodio para sentirse acechado y frenado en las libertades; y no hay forma de escapar a ello). En este sentido, el monopolio discursivo del Estado juega un papel preponderante en cuanto a dominación (opresión, represión). Stuart Hall recupera de Foucault la importancia que tienen los regímenes discursivos y las relaciones de poder en la cognición, y la importancia del momento histórico. Para Foucault “en cada período, el discurso producía formas de conocimiento, objetos, sujetos y prácticas de conocimiento, que diferían radicalmente de período a período, sin necesaria continuidad entre ellos” [Hall, 1997:29]. Así, los discursos producen sujetos y lugares que poseen atributos específicos “de regímenes discursivos y períodos históricos” particulares [Hall, 1997:38]. Pero ¿qué ocurre cuando el discurso se mantiene, cuando lo que se busca es precisamente la continuidad? Cabe suponer que el sujeto producido es entonces el mismo.

El gobierno mexicano, apoyado en un consenso global prohibicionista, emite mensajes de forma permanente (a través de los medios, como aparato adoctrinador y de control) en torno a un “enemigo público”: las drogas. De esta manera, el consumo de drogas se convierte en el principal cómplice del narcotráfico, actividad ilegal y altamente penada no solo en términos jurídicos. El consumidor, pues, queda en el campo de la ilegalidad (al margen de qué tipo de consumidor sea o con qué fines consuma). Es criminalizado aunque se mantenga en la clandestinidad; su placer no solo es prohibido, es maléfico; es nocivo y es inmoral. Además de todo se sabe criminal, es decir, se siente como tal. Y cómo no hacerlo si la sanción viene de todos lados: existe la reprimenda social-moral de que no hay dosis que no esté bañada en sangre. El miedo a ser descubierto, por las autoridades o por el entorno social-familiar, está siempre presente.

Mas no se trata solamente del consumo sino también del no-consumo, es decir, de las experiencias. De tal suerte que el miedo regula el no-consumo en dos sentidos: por un lado, está el temor a la sanción (penal y social) y, por otro, a las consecuencias corporales, pues el estigma es simple (convincente, cuasi dogmático) y poderoso: las drogas son tan dañinas que los riesgos son la adicción y la muerte. La introyección de tales prenociones, prejuicios, administra las experiencias, acaso los placeres: los individuos son su propio carcelero.

Sin embargo, en un Estado fallido el miedo no puede existir únicamente en una dimensión subjetiva: ser violentado se convierte en una de las condiciones objetivas dentro de las cuales se inscribe el miedo. Valenzuela [2009:322] lo señala con datos documentados: las violaciones de derechos humanos han ido in crescendo. Tal vez no sea necesario reparar demasiado en este punto: las muestras están a la vista con las movilizaciones ciudadanas que claman justicia por los asesinados y las asesinadas –víctimas que el discurso gubernamental ha insistido en agrupar y catalogar como “muertes colaterales”, casi como un mal necesario. Están con los datos ya mencionados al inicio respecto a los índices de crímenes de alto impacto, frente a lo cual “resulta inevitable reconocer la derrota de las políticas de combate a las drogas, así como sus resultados perversos” [Valenzuela, 2009:326]. El miedo es bien fundado y “nos expone a condiciones límite que hacen aflorar los buenos y los malos sentimientos” [Valenzuela, 2009:354].

Es así que se tienen estructuralmente las condiciones idóneas para que opere el miedo (de afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera). Frente a este escenario parece sensato se piense más en la supervivencia y la individualización que en la cohesión y la comunidad. Encima de todo el miedo se reproduce y se hereda.

La opción decolonial: deconstruir para construir

Ahora bien, ¿qué hacer además de desentrañar el funcionamiento de la sociedad en términos de control? ¿cuál es la responsabilidad desde la academia ante modelos sociopolíticos (y económicos) articulados bajo principios reaccionarios, pero con la ficción de ser presentados como bondades “modernas”? En una ruta que puede parecer simplista se revelan tres posibles momentos: comprender, explicar y proponer. Algo así como deconstruir para construir. Virginia Vargas es una de las voces académicas que asumen el activismo, y desde ahí plantea –para lograr la deconstrucción epistemológica– tres dimensiones: propuesta, perspectiva y lucha[6].

Resulta, de esta forma, pertinente recurrir a planteamientos como el de Walter Mignolo, quien después de analizar la lógica de la colonialidad refiere a la opción decolonial como alternativa justamente frente a “la esfera de las opciones políticas controladas, en el mundo/moderno colonial, por la hegemonía/dominación de los macrorrelatos de la teología cristiana (católica y protestante), la ego-logía […] conservadora y liberal, y la ego-logía socialista-marxista”. Puntualiza: “La opción de-colonial presupone desprenderse de las reglas del juego cognitivo-interpretativo” [Mignolo, 2009:246-247].

En la tertulia sostenida con otros académicos en Buenos Aires, Argentina, en diciembre de 2012, Mignolo apunta hacia una propuesta que se antoja viable: “Enseñar a pensar analíticamente pero al mismo tiempo imaginar que hay otras formas de vida” [Pensamiento, 2012]. Así, identifica tres ejes a partir de los cuales puedan pensarse las transformaciones necesarias, en el sentido de liberación de añejos pero muy vigentes y profundos esquemas: la economía, el constitucionalismo y la educación; ésta con base en la idea de la desescolarización de la sociedad que recupera de Ivan Illich, cuyos ensayos Mignolo cita: “la institucionalización de los valores conduce inevitablemente a la contaminación física, a la polarización social y a la impotencia psicológica; tres dimensiones en un proceso de degradación global y de miseria modernizante” [Pensamiento, 2012].

La decolonización representa una especie de desprogramación histórica –individual y colectiva–, una oportunidad para construir nuevos paradigmas sin que necesariamente se plantee como un proyecto político de ideología izquierdista, pese a que se oponga a los modelos entendidos como neoliberalismo, capitalismo, modernidad e incluso posmodernidad (que, valdría agregar, Mignolo observa lo posmoderno como cambios en la misma lógica de la modernidad). Lo decolonial es un giro: “es la apertura y la libertad del pensamiento y de formas de vida (economías-otras, teorías políticas-otras), la limpieza de la colonialidad del ser y del saber; el desprendimiento del encantamiento de la retórica de la modernidad, de su imaginario imperial articulado en la retórica de la democracia” [Mignolo, 2009:253]. Implica acción, sin duda. Es pensar y es hacer.

En el ‘hacer’ existen, sin que se autodefinan como decoloniales, tópicos puestos a debate que –por estar inmersos en un marco social moralizante y colonizado, seducido por el discurso de la modernidad– se erigen como posturas radicales y controvertidas, por lo tanto cuestionadas y descalificadas bajo argumentos que transitan por campos que para tales discusiones resultan inconexos: defensas de carácter moralista frente a proyectos de alcances sociales. La legalización de las drogas (con su consecuente despenalización al consumo) es uno de esos tópicos. Valenzuela mediante textos y declaraciones[7] se pronuncia a favor de tal opción desde el terreno académico, con la perspectiva analítica que ello implica. No obstante, el tema por sí mismo se enfrenta a acusaciones enfrascadas en el ámbito del conservadurismo del cual es muy difícil salir, especialmente cuando se tiene toda una estructura cuya reproducción es garantizada mediante un bombardeo de mensajes condenadores –homogeneizados y homogeneizantes–, cuando se ejerce el poder desde afuera y desde adentro de los sujetos. Lo mismo sucede con debates respecto a la despenalización del aborto, la educación sexual desde el nivel básico, la autonomía de las comunidades indígenas, los derechos de personas homosexuales o de identidades sexuales que escapan a la heteronormatividad, en fin: con los temas sensibles para ciertas conciencias. Conciencias hegemónicas.

Frente a este escenario, la apuesta que parece más factible es –efectivamente– la educación, educación que trascienda la esfera escolar. Walter Mignolo lo explica en la inducción de deseos, que reconoce como “uno de los grandes éxitos del capitalismo: capitalizan el deseo, es decir, el deseo-terreno”. Propone así: “Tenemos una educación hegemónica que educa cierto tipo de deseo. La educación deconolonial analítica es mostrar cuáles son las tecnologías que producen ese deseo […] y qué ofrece como alternativa para liberarse de ese deseo” [Pensamiento, 2012]. Podríamos usar su mismo planteamiento para entender y repensar el miedo: desmontar las tecnologías que generan el miedo y presentar alternativas para desprender (y desaprehender) el miedo, con lo que los mecanismos de control fundados en ello quedarían obsoletos. En ese ánimo, cabría aquí imaginar la disolución de otros hándicap sociales: el binarismo sexual, las categorizaciones por cuestiones étnicas o de clase, la idea del éxito centrada en lo material, la individualización (e hiperindividualización). Se trata de un cambio de subjetividad que se reflejara en el abandono de prácticas diferenciadoras y autorreguladoras, una negación a los discursos impuestos y a los discursivisadores.

Si hablamos de un cambio de subjetividad a través de una educación que rebase la dimensión escolar tendríamos que voltear hacia los planteamientos en torno a la pedagogía crítica de Peter McLaren, planteamientos que construye en el contexto estadunidense frente a una sociedad que identifica como tremendamente segregacionista en todos los ámbitos: étnico o racial, de clase, religioso, de género. No emplea propiamente la idea de lo decolonial sino más bien la cuestión poscolonial, y es comprensible: su búsqueda es trascender lo colonial.

Mientras Mignolo alude a una analítica, McLaren refiere a una racionalidad crítica, la cual tiene su punto de partida en el reconocimiento de las diferencias desde una perspectiva multiculturalista y de justicia social. Si bien se centra en una postura anticapitalista que desarrolla –y lo dice así– desde la ira y la desesperanza, McLaren también (como la visión decolonial) propone un cambio de subjetividad en un nivel colectivo que asimismo se construya en marcos alternativos a la escuela (o además de) y donde los educadores críticos sean todos aquellos quienes resistan a las “costumbres sociales”, pudiendo relacionarlas “con la materialidad de la vida social y con las relaciones de poder que las estructuran y sostienen”. Apela, en plural, a “reconocernos como agentes revolucionarios” [McLaren, 1998:13].

El concepto de esperanza (espacios de esperanza) que aparece en su enfoque adquiere especial sentido frente a realidades como la mexicana donde el adoctrinamiento moralizante y colonizador merma las intenciones –colectivas e individuales– por la liberación, frena las oportunidades, las luchas; paraliza y produce miopía. Es un “sí se puede” que parte de la identificación de aquello que ancla, es un “yes, we can” (mucho antes del eslogan de Obama) originado no en el optimismo sino en el cinismo: “La lucha de la subjetividad crítica es la lucha por ocupar un espacio de esperanza… un espacio liminal, un indicio de la antiestructura” [McLaren, 1998:14]; “Los espacios –con frecuencia privados– deben darse a conocer al público; deben ampliarse para que dejen de ser espacios y se conviertan en ámbitos, para que dejen de ser espacios individuales y epistemologías privadas y se conviertan en ámbitos públicos de esperanza y lucha e identidades colectivas” [McLaren, 1998:2].

En ese tenor, algo que resulta relevante en la visión de la pedagogía crítica mclareniana es la discusión que establece con la academia, de la cual dice sentirse ajeno, proscrito. Y es relevante porque la distinción encierra en sí misma una propuesta y una crítica: habla de la necesidad de elaborar “un lenguaje que no solo hable sobre la gente, sino a la gente, acerca de lo que es posible llegar a convertirse en un mundo que violentamente alista nuestra identidad para que esa idea de conversión parezca ridícula” [McLaren, 1998:13]. Es relevante porque busca llegar a los individuos y superar los límites del discurso académico, demanda una transformacción social.

Tanto Mignolo como McLaren corren el riesgo de parecer demasiado idealistas; lo decolonial y la educación analítica de uno, y lo poscolonial y la pedagogía crítica del otro pueden ser entendidas como utopías, pues ambas opciones niegan a la democracia (mito de la modernidad) como el fin último, y ubican al bienestar, a la armonía, la plenitud, el buen vivir, la dignidad colectiva, la felicidad… como los fines que ha de perseguir la sociedad. La democracia es entonces un medio para tales fines y por ello ambos se pronuncian en favor de buscar otros medios. La clave seguramente radica ahí, en ver –con cinismo, esperanza o hartazgo– que es posible discutir con las hegemonías ontológicas y epistemológicas, refutarlas, desenmascararlas. Tendríamos así que no se trata de utopías sino de contraficciones[8], alternativas que derriban los mandatos del capitalismo y la modernidad, de la iglesia y del Estado, de los destinos manifiestos.

En pocas palabras…


Si bien existe toda una estructura de aparente solidez histórica que sustenta los mecanismos de control, en dimensiones social e íntima, y si bien la deconstrucción acaso derrotista de Foucault de las tecnologías dentro de las que se ejerce el poder pareciera no dar cabida a la agencia, a la lucha por la liberación; hay asimismo opciones que desde planos académicos con perspectivas políticas se ofrecen para replantear modelos sociales o construir nuevos, opciones que basan su enfoque en la justicia y la felicidad a través de propuestas que parten de la necesidad de un cambio cognitivo-subjetivo-interpretativo. La pregunta de “¿por qué una buena parte de la población en México es conservadora o reprimida?” halla su respuesta en la forma en que se aprende y aprehende el mundo, donde pesan los componentes moralizantes y coloniales, y su refuerzo permanente mediante discursos legitimadores que buscan garantizar la reproducción del sistema de dominación. Aun así, es posible pensar en otras formas de vida, no enraizadas en la idea de la modernidad ni en la dualidad entre el bien y el mal. Las drogas, todo el discurso del Estado en torno a ellas (con su respectiva sanción moral y penal), son un ejemplo del control ejercido tanto en lo público como en lo privado, pues permite ver el papel que juega el miedo emanado de hegemonías discursivas. No obstante, desaprender (y desaprehender) es posible a través de la educación [no necesariamente escolar], como lo sugieren planteamientos como el de Mignolo con la analítica decolonial y el de McLaren con la racionalidad crítica. La desestructuración se vislumbra no solo posible sino urgente, las condiciones objetivas lo demuestran.

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[1] Este plan puede consultarse en el sitio en línea de la Organization of American States: http://www.oas.org/dsp/documentos/politicas_publicas/mexico_estrategia.pdf

[2] El procurador de justicia del estado, Rommel Moreno Manjarrez, presentó cifras oficiales de homicidios anuales en Baja California de donde el número más elevado se registró en 2008, según lo documenta la prensa local el 2 de enero de 2013: El Sol de Tijuana (http://www.oem.com.mx/elsoldetijuana/notas/n2827003.htm), El Vigía (http://www.elvigia.net/noticia/la-baja-homicidios-en-estado-en-el-2012) y San Diego Reader (http://www.sandiegoreader.com/weblogs/news-ticker/2013/jan/02/homicide-count-continues-downward-for-baja-califor/)

[3] El Observatorio Nacional Ciudadano en su portal (http://onc.org.mx/) se define como “una organización de la sociedad civil que fomenta el entendimiento de las condiciones de seguridad, justicia y legalidad del país, buscando incidir en la eficacia de las políticas y acciones de la autoridad”. Así, presenta reportes periódicamente (en bloques de cuatrimestres) con cifras en relación a los delitos de alto impacto a nivel nacional. El reporte consultado para este trabajo es el quinto.

[4] En 2011, Orozco presentó en Tijuana, en una conferencia magistral, parte de su trabajo acerca de la propagación de una visión oficialista que busca mediante la afectividad orientar la perspectiva y la opinión de las audiencias mexicanas, particularmente refirió a la ficción de las telenovelas y las teleseries mostrando ejemplos de la masificación del discurso del gobierno federal (http://la-ch.com/index.php?option=com_content&view=article&id=8030:la-violencia-no-se-resuelve-con-la-rosa-de-guadalupe-orozco&catid=42:general&Itemid=62).

[5] Nota en línea en el sitio de CNN México (http://mexico.cnn.com/nacional/2010/10/23/masacre-en-ciudad-juarez-durante-una-fiesta-juvenil)

[6] Esto lo expresó en el Seminario Estratégico “Crisis múltiples y actores emergentes de la transición entre épocas: Coyuntura, riesgos y oportunidades”, realizado por el Colegio de la Frontera Norte (sede Tijuana) el 12 de junio de 2013 en colaboración con El Colegio de Sonora (ColSon) y ONU-Mujeres.

[7] Como lo documenta el reportaje ‘Abre controversia propuesta de legalización de mariguana’ publicado el 1 de enero de 2013 en el portal Norte Digital Mx: http://www.nortedigital.mx/article.php?id=30879

[8] La investigadora Margarita Sayak Valencia Triana del departamento de Estudios Culturales del Colegio de la Frontera Norte (Colef) plantea esta posibilidad: contraficción vs. utopía.

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Referencias

Bourdieu, Pierre (2007), “Estructuras, habitus, prácticas” en Pierre Bourdieu, El sentido práctico. Siglo XXI Editores. Argentina, pp. 85-105

Bourdieu, Pierre (2007). “Espacio social y espacio simbólico. Introducción a una lectura japonesa de la distinción” en Pierre Bourdieu, Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, Siglo XXI, México, pp. 23-40

Cruz, José Miguel (2010). Estado y violencia criminal en América Latina. Reflexiones a partir del golpe en Honduras. Nueva Sociedad, No. 226. Argentina, pp. 67-84

Foucault, Michel (2003). Vigilar y castigar. Siglo XXI Editores. Argentina.

Hall, Stuart (1997). El trabajo de la representación. Perú: Instituto de Estudios Peruanos, pp. 1-55.

Mclaren, Peter (1998). Multiculturalismo revolucionario, México, Siglo XXI.

Mignolo, Walter, “El pensamiento Des-Colonial desprendimiento y apertura: un manifiesto”, localizado en www.tristestopicos.org, 29 de enero de 2009.

Observatorio Nacional Ciudadano. Reporte periódico de monitoreo sobre delitos de alto impacto mayo-agosto 2012. http://onc.org.mx/sites/onc.org.mx/files/vreportemonitoreo_mayo-agosto2012.pdf (consultado el 25 de febrero de 2013)

Pensamiento descolonial y educación (fragmentos de una tertulia), 2012, Buenos Aires, Argentina. BioeconTV. Video: http://vimeo.com/58011376 (consultado el 19 de mayo de 2013)

Valenzuela Arce, José Manuel (2009), “Prohibicionismo y proyecto nacional”, en José Manuel Valenzuela Arce, Impecable y diamantina. P.S. Democracia adulterada y proyecto nacional, COLEF/Juan Pablos, pp. 317-368

jueves, 18 de julio de 2013

Piden destitución de regidora racista en Ensenada

Pronunciamiento


ALTO A LA DISCRIMINACIÓN Y TRATOS RACISTAS DE FUNCIONARIOS PÚBLICOS HACIA LOS PUEBLOS Y COMUNIDADES INDÍGENAS.
A la opinión pública
A los medios de comunicación
A las radios comunitarias de México
A las Organizaciones defensoras de derechos humanos
A los pueblos de México

El pasado jueves 11 de julio diversos medios de comunicación electrónicos difundieron declaraciones de Graciela Moreno Pulido, regidora del PRI de Turismo y Desarrollo Social del municipio de Ensenada, en las que utilizó un lenguaje ofensivo, discriminatorio y clasista hacia la población indígena de esta localidad.

Según estas fuentes y un audio difundido por internet, la funcionaria en sesión de cabildo afirmó que uno de los problemas que se tienen en la zona turística de la calle Primera de Ensenada es que “estaba muy fea” y que los niños vendedores de chicles e indígenas que piden dinero son un malestar social, al señalar textualmente: “¿Qué vamos a hacer con esa plaga de niños?, que no sabemos… que no se saben, ¡parecen topos la verdad! pero, estamos seguros que vamos a poder hacer algo”.

Tales comentarios promueven la estigmatización de las personas pobres y deshumanizan a quienes están en situación precaria al compararlos con “plagas” o “topos”.

Las y los niños de origen indígena (de origen triqui y mixtecos, migrantes) que piden dinero en la calle Primera no son una mala imagen, sino el reflejo de una problemática social; puesto que no lo hacen por convicción o elección de vida. Son personas que no tienen el privilegio de ejercer su ciudadanía, ya que es notorio que no tienen acceso a los programas dirigidos a la niñez y a la población indígena del Municipio de Ensenada.

En este sentido y respondiendo a la preocupación “existencial” de la funcionaria, respecto a ¿qué se va a hacer con “esa plaga” de niños?, sería conveniente reflexionar sobre: ¿qué está haciendo el gobierno municipal de Ensenada para atender a la población indígena, específicamente a la infantil?, ¿conocen las condiciones reales -de salud, educación, vivienda y bienestar social, de explotación y precariedad- que vive la niñez indígena migrante?

A pesar de que la funcionaria se ha disculpado -desde su cuenta de Facebook- por haber hecho dichas declaraciones “empañadas por la pasión”, el hecho de haber utilizado su voz desde una posición de poder, desde la función pública -legitimada por del Estado- deja ver su ideología conservadora, clasista y racista, actitudes que no deben de ser toleradas para ningún funcionario de Gobierno.

Sostiene que existen individuos de mayor y menor valor, es decir; turistas extranjeros con capital económico y niños pobres (económicamente) e indígenas, que representan una amenaza para la derrama económica del puerto ensenadense, con la idea ulterior y discriminadora de reducir el fenómeno de la pobreza a una cuestión de estética social; como simple mala imagen.

Al parecer, la regidora ignora que los pueblos y comunidades indígenas de México y el mundo poseen una enorme riqueza cultural, son poseedores de una memoria inmaterial ancestral que es reconocida por la UNESCO.

Existen marcos jurídicos nacionales, estatales e internacionales que se han construido precisamente para la protección de los pueblos indígenas, como el Convenio Nº 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

El aumento de población indígena en el municipio de ninguna manera debe significar ni ser comparada a una “plaga”. Las plagas provienen generalmente de animales y plantas y las personas no son equiparables a los animales, ni la identidad étnica y la condición de pobreza representan un malestar para la sociedad.

La pobreza como problemática social, económica y política, llega a impactar de forma directa a la población indígena debido a procesos históricos y estructurales que les han subalternizado -muy conveniente para un modelo económico de explotación- que segrega a una parte de la sociedad a vivir en condiciones de calle, comercio informal o de explotación.

La desigualdad de oportunidades y la discriminación solo promueven prejuicios, estereotipos, violencia y exclusión de los indígenas para ocupar lugares “privilegiados” de poder, como el que la regidora Moreno Pulido ostenta.

Este tipo de comentarios buscan esconder la responsabilidad del Estado, ignoran una larga lucha de hombres y mujeres de los pueblos originarios que han exigido el reconocimiento de sus derechos constitucionales[1], y que buscan se reivindique la cultura ancestral, la autonomía de los pueblos, el respeto a los derechos colectivos, la lucha contra la violencia y la discriminación por origen étnico (Convenio 169, art. 3; DU, preámbulo y art. 2 constitucional) [2].

La migración de hombres y mujeres de origen étnicos (Mixteco, Triqui, Nahuatl, Zapoteco, Ñahñú, Purepechas, Tzotzil, Mixe, y otros) hacia Baja California se ha debido a la pobreza, migración forzada y violencia, que prevalecían en sus estados de origen, la búsqueda por mejores condiciones de vida ¡no es un crimen!. Ni el comercio de artesanías en espacios ambulantes por la niñez indígena representa una “plaga”. “Somos seres humanos y exigimos un trato DIGNO y conforme a Derecho” y un ALTO A LA DISCRIMINACIÓN POR ORIGEN ÉTNICO.

Consideramos alarmante la situación de discriminación hacia los pueblos originarios migrantes en el municipio de Ensenada y en el estado de Baja California, por consiguiente le solicitamos al gobierno Municipal tome las medidas necesarias para remover del cargo a la funcionaria Graciela Moreno Pulido, por actos de discriminación, de no ser sancionada esto significaría un retroceso en la justicia nacional.

El Estado es responsable social y jurídico para garantizar el acceso y goce de los derechos ciudadanos de personas y pueblos indígenas, como lo señalan marcos jurídicos nacionales e internacionales y con esto evitar caer en violaciones a los derechos humanos y en prácticas de discriminación institucional.

Atentamente:
“Por el respeto al derecho de los pueblos indígenas”

El Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB)

Coordinación General Binacional
Vice Coordinación Binacional
Coordinación Binacional de Jóvenes
Coordinación Binacional de la Mujer
Coordinación General de Académicos
Coordinación Estatal en BC.
Vice Coordinadora Estatal en B.C.
Coordinación Estatal de Mujeres Indígenas en B.C.
Coordinación Estatal en B.C. de Jóvenes
Coordinación Estatal de Derechos Humanos
Coordinación Regional del Valle de San Quintín
Vice Coordinación Regional del Valle de San Quintín
Presidente de Cuvandi Ichi AC.
Promotor Cultural de Pueblos y Comunidades Indígenas, el C. Darvy Batallar.


Coordinador General Binacional 2013-2014
Lic. Bernardo Ramírez B.

Vice Coordinador Binacional
C. José Guadalupe González

Coordinadora Binacional de Jóvenes
Mtra. Sarait Martínez

Coordinadora Binacional de la Mujer
Mtra. Silvia Ventura Luna

Coordinación General de Académicos
Dr. Gaspar Rivera Salgado

Coordinación Estatal en BC.
C. Rogelio E. Méndez Palma

Vice Coordinadora Estatal en B.C.
C. Flora Armida Mascareño

Coordinación Estatal de Mujeres Indígenas en BC
Psic. Thikiva Kimi Mariano García

Coordinación Estatal en B.C. de Jóvenes
Lic. Misael Z. Zúñiga

Coordinación Estatal de Derechos Humanos
Lic. José García Sánchez

Coordinación Regional del Valle de San Quintín
Prof. Mario J. Mariano Chávez

Vice coordinación Regional del Valle de San Quintín
Prof. Salvador Reyes M.

Presidente de Cuvandi Ichi AC.
Avelino M. Méndez Moreno.

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[1] Varios movimientos nacionales, inician desde los noventas como: El Movimiento Zapatista Revolucionario, El Movimiento Indígena Nacional, El Movimiento de Mujeres Indígenas, así como, los liderazgos y la participación de las organizaciones indígenas en el Estado.

[2] La Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos, en sus artículos: primero y segundo, reconocen que el Estado Mexicano está formado por una de composición pluricultural, sustentada en sus pueblos indígenas y les reconoce el derecho a la ciudadanía. En el marco jurídico internacional el Convenio No 169 de la OIT y la Declaración Universal de Derechos de los Pueblos Indígenas protegen derechos de las personas y pueblos indígenas.

domingo, 21 de abril de 2013

8cho preguntas con Rafa Urbina


Rafael Urbina, Rafa “de Tijuas”, empezó su carrera como tatuador en el 2001, pero desde niño su interés por el arte de pintar la piel estaba trazado. Ya con una trayectoria más sólida, Rafa empezó a tatuar en Last Temptation en 2001, sin embargo fue poco lo que duró allí pues desde el 2002 a la fecha se ha desarrollado en La Tinta Distinta, un shop (ubicado en Calle 5ta, casi esquina con Revolución) fundado en 1995 por el tattoo artist Kiki Platas y en el que ahora Rafa se encuentra como responsable temporal. Son muchos los aprendizajes durante estos casi 11 años, tiempo en el cual la técnica de Urbina se ha perfeccionado: sus piezas son verdaderas obras de arte (aunque él no lo diga así). Honesto, directo y claro en sus ideas, esto fue lo que charlamos después de una jornada “tatuajística”. No nos centramos en aspectos típicos, como si duele hacerse un tatuaje o cuánto cuesta porque las respuestas son un tanto obvias: sí duele (el tatuaje es una herida que cicatriza con tinta adentro) y el precio depende de varios factores (diseño, tamaño, parte del cuerpo). Pero sí dijo que en términos generales si se quiere un buen tatuaje hay que invertir. A Rafa lo encuentran en http://facebook.com/rafael.urbina.982.

por Melina Amao
Publicada en La Guía Tijuana: AQUI


1. ¿Desde cuándo surgió tu interés por los tatuajes?

Desde los 6 años me gustan los tatuajes, a los 8 años hice una máquina hechiza en mi casa. Tengo un hijo de 9, ¡no manches, hace un montón de años! No puedo considerar que desde los 8 años me dedico a esto… pero desde esa edad me empecé a pelear con mis papás, que obviamente no querían que yo me dedicara a esto, ni siquiera aceptaban que alguien se tatuara en aquel tiempo, estamos hablando de los 80. Se creía que cualquier persona que se tatuara pertenecía a un reclusorio, a una pandilla, así que no era aceptado. Hoy en día ha cambiado, las sociedades son un poquito más abiertas y personas que son como de la edad de mi papá ahora, que siempre se quisieron tatuar pero no lo hicieron porque no se podía aceptar en aquellos tiempos, pues ahora lo hacen; y me ha tocado tatuarlos.

2. ¿Hay algún estilo que te guste más hacer como tatuador?

Obviamente sí hay un estilo que más me gusta hacer pero aquí en Tinta Distinta hay que hacer de todo, así que a mí se me ha hecho muy difícil que la gente me ubique como “El Rafa de Tijuas hace esto” porque aquí hay que hacer de todo. En muchos casos está curada decir “Ah mira, él hace prehispánico”… en mi caso he tenido la fortuna de hacer prehispánico, letras, cualquier cosa que vengan a preguntar; a veces tengo que hacer algo japonés, media manga, y luego me tengo que levantar y hacer un nombre en un cuello y ni modo de decir “Hey, pues yo no hago eso”. Si ya me aventé 5 ó 6 horas haciendo un brazo, qué más da que haga en 15 ó 20 minutos un nombrecito, y lo hago satisfactoriamente.

3. ¿Qué imágenes o conceptos se repiten más?

Fíjate que no me tomo mucho el tiempo en memorizar esto. Hago un tatuaje ahora y ya mañana no me acuerdo porque yo tengo que ver hacia enfrente. Pero pues así por ejemplo los nombres, los nombres nunca pasan de moda; en algún tiempo se pagó la renta con un Piolín o en algún tiempo se pagó con un (Demonio de) Tasmania, ahora no sé, creo que ahora son… no me atrevo ni a decirlo para que la gente no diga, “Eso es lo que yo me quería poner”.

4. Pero, ¿van cambiando las tendencias?

Sí, por ejemplo eso de tatuar el abdomen, si vas a tatuártelo de un lado pues siempre es más bonito tatuar ambos lados con un poco de contraste: un color frío, un color cálido, pero ambos lados de la cadera sin olvidar que el cuerpo está dividido en dos, así que si divides tu tatuaje en dos se ve muy bonito. Pero cambia todo con respecto a las épocas, por ejemplo: en los 80s las mujeres usaban esos pantalones de tiro largo y he visto modelajes de ese tiempo donde el tatuaje se lo ponen arriba del tiro, igual arriba del pantalón como se lo ponen ahora pero imagínatelo en los 80s, se lo ponían casi en la costilla y a la hora de hacer un desnudo el tatuaje quedaba como volando. Entonces opino que tienes que utilizar tu cuerpo y adornarlo conforme a la desnudez, no como se vea al tiro del pantalón. Les recomiendo mucho que se miren en el espejo y vean cómo van a adornar su cuerpo, de qué tipo, cómo, por dónde van a empezar. Son cosas muy importantes.

5. ¿Cuándo te hiciste tu primer tatuaje?

Creo que yo me esperé hasta los 18, obviamente haciendo máquinas desde los 8 años no podía aguantar las ganas de que penetrara esa aguja en la piel. Y fíjate que en la planta del pie sí me hice un tatuaje como a eso de los 13 años y en la planta de los pies se borran. Yo pensaba que no era para mí, pensaba “Yo no sirvo para tatuar porque mis tatuajes se borran”, pero ahora con la experiencia que tengo no me gusta tatuar los dedos porque la mitad de los dedos se seudo-borran, y la planta de los pies y la palma de la mano se borran por completo. Nunca se alivian, en lugar de hacer costra y aliviar, alivia la piel pero la tinta se sale por completo.

6. ¿Es cierto que se convierte en un vicio?

Pues sí es cierto. Muchas de las veces reiteramos “Piensen muy bien lo que se van a hacer, piénsela más de dos veces, lo que se hagan tiene que ver con algo en su vida”. Esto se refleja mucho en un niño de 15 años que le gusta algo y a los 18 ya le gusta otra cosa, a los 25 otra, a los 30 otra, a los 35 otra… cambia la mentalidad mucho, entonces el chiste aquí es brincar la primera barrera: una vez que te haces el primero los demás te valen madre, ya nada más tienes que escoger que sea algo bonito, que sea “tatuable”, que sea estético, que vaya contigo y que se vea bien. Lo difícil siempre es el primero, uno mismo les pone la traba: “piensen muy bien lo que se van a hacer”. Y hay gente que está años y años pensándolo y se encuentran con esta barrera que te estoy diciendo. La barrera de madurez, así le puedo denominar yo; la barrera de madurez, porque en un tiempo piensas de una manera, a los dos o tres años piensas de otra y así va cambiando.

7. ¿Si alguien trae un tatuaje que ya no le gusta recomendarías un cover-up?

¿Sabes qué?, en estos casos si ya no te gusta “Naruto” o “Yu-Gi-Oh” muchas veces te va a traer el recuerdo de cuando tenías 15 ó 13 años. Y eso es lo que a nosotros nos trae igualmente: “cuando tenía 20 años andábamos en la convención allá y me hice este tribal”, ya no es tanto que me moleste y diga “ya no se usa el tribal”, sino que me trae un recuerdo, por eso está la cuestión de que no me lo quiero cubrir. Ahora la mayoría de los tatuajes están bien hechos, y antes si te hacías una charra (por ejemplo) quedaba con los ojos gruesos, entonces se convierte en algo viejo, algo no muy estéticamente bien hecho y empieza a molestar en cierta manera. La mayoría de los tatuajes que me dicen que se los quieren cubrir es porque están mal hechos, no porque ya no les guste.

8. Para evitar riesgos, ¿qué recomiendas a la gente que no sabe a dónde acudir?

Está bien difícil pero está bien fácil. Está bien difícil para aquella gente que no gana mucho dinero porque yo fácilmente puedo decir “No vayas a un lugar barato: lo barato sale caro, sale demasiado caro”. Muchas veces no pasa de decir “Hey, pues es un tatuaje que no puedo arreglar”, pero si te pegaron una enfermedad que no puedo quitar entonces qué tan caro te sale. Si te hacen un tatuaje que no puedo arreglar obviamente sale caro porque no puedo recuperar esa piel, nadie puede recuperar esa piel; digamos que te lo hicieron en un brazo en tres cuartos y te cobraron 200 pesos, ¿cuánto cuesta el metro cuadrado de piel clara? Y si te lo quieres quitar con láser, ¿cuánto te cuesta para borrarlo? De ahí viene si te pegaron hepatitis, si te pegaron sida… ¿cómo se te quita? Dime tú si sale barato o si sale caro. Recomendaría ahorrar. No sé, fácil no la puedo poner porque fácil no está. Midan el costo de la piel que se quieran tatuar, vayan y chéquenlo cuánto te cuesta en un seguro de vida un dedo cuando te cortas, o un brazo… ¡es un mucho dinero!

Fotos del Facebook de Rafa (http://facebook.com/rafael.urbina.982)