miércoles, 16 de octubre de 2013

Lila Downs: mujer-iguana, mujer-paloma…

por Melina Amao Ceniceros
[texto y fotos]
Publicado en La Ch: AQUI

No basta con describir a manera de crónica lo que ocurre en los conciertos de Lila Downs para transmitir a los ausentes aquello que se perdieron; no basta porque escapa de la narrativa el ambiente que enmarca todo el espectáculo: ambiente-ritual inenarrable. La lectura de la crónica de un concierto debería acompañarse con la música del artista, en un intento por acortar la distancia entre la experiencia y el lector; para este caso debería –además– acompañarse de unos tragos de mezcal, elixir oaxaqueño. Justo así inició la ritualidad de la noche del 12 de octubre en el Antiguo Palacio Jai Alai: con un trago de mezcal, de la boca de una botella a la boca de Lila Downs. Ello dio obvio y conveniente paso a ‘Mezcalito’, primer pieza de su más reciente álbum ‘Pecados y milagros’.

“…Pa’ todo mal: mezcalito; y para todo bien, también” reza uno de los versos de la canción, versos coreados por quienes han seguido su producción musical y saben que Lila es mucho más que una intérprete de himnos tales como ‘La llorona’. Lila danzó con la botella y la botella danzó con ella.

“¡¿Qué pasó Tijuana?! Ya venimos a la frontera otra vez a cantarles a ustedes algunos de los pecados y los milagros de nuestras vidas. También para ustedes y con mucho cariño, en este día tan especial, a este elixir de los dioses”. Dejó la botella e invocó a “el Buki mayor, Marco Antonio Solís” para dar voz a ‘Tú cárcel’ en una versión suave y pausada.

Con su ya tradicional vestimenta de identificables motivos folklóricos mexicanos, estilizados y sensualizados para la cadencia de Lila; siguió una breve referencia al 12 de octubre, cuestionada conmemoración por el mestizaje, Día de la raza. “Celebremos, siendo mexicanos, la raíz indígena, la raíz africana, la raíz española…” pronunció antes de interpretar uno de sus clásicos performances: “La iguana”.

De pronto la artista mutó sobre el escenario y poco a poco dejó de ser mujer para ser iguana, reptil que se cayó de arriba de una escalera… al ritmo de son jarocho. Momento lucidor para Celso Duarte, el multi-instrumentista que en su identidad arpista musicalizó además el zapateado de Leo Soqui, acordeonista que para tal acto dejó salir su identidad danzante.

“Mueve la cabeza ea ea / Cómo cabecea ea ea / Saca su lengüita ea ea / Cómo lengüetea ea ea / Que se tira al piso ea ea / Como que pisea ea ea / Saca su colita ea ea / Como que colea ea ea / Saca las uñitas ea ea / como que piuñea ea ea… a la jea jea a la jea jea: una iguana se cayó de la rama de un amate”.

Aprovechando las habilidades del arpista, ‘La iguana’ se hiló con ‘La bamba’ para enseguida bajar el tempo pero subir la intensidad con ‘La martiniana’, cuya presentación fue introducida por una reflexión de Lila acerca de las lenguas indígenas sobrevivientes, dando crédito al compositor de la pieza: Andrés Henestrosa.

Ubicados en el sur mexicano, porque Henestrosa era oaxaqueño, el concierto viajó todavía más al sur al escucharse ‘Tren del cielo’, con la que la cantante refirió a los migrantes centro y sudamericanos que sortean la vida en La Bestia, ese ferrocarril que abordan cientos, miles, de hombres y mujeres en el sureste del país en busca –paradójicamente– de mejores condiciones de vida… arriesgando todo; a veces, perdiendo todo. La canción fue acompañada de imágenes del tren y dedicada a la memoria de los migrantes fallecidos.

‘Naila’, otra de las favoritas, apareció en versión cumbia, lo que permitió al público bailar acaso por vez primera un tema de aspecto más bien melancólico. Pero si de melancolía se trata, el bloque que le precedió fue aún más sufridor, con una selección de covers compilados en su álbum ‘Entre copa y copa’. Así, Lila y las casi 3 mil personas reunidas en El Foro entonaron ‘La cama de piedra’, ‘Pa’ todo el año’, ‘Tu recuerdo y yo’ y ‘Fallaste corazón’.

Sobre una fusión musical entre la tambora sinaloense y el tribal regiomontano, Lila cantó ‘La madrugada’ girando por los aires su rebozo fiusha. Al terminar, fue el turno de ‘Vamonos’, lo que apaciguó nuevamente los bailes aunque no por mucho tiempo pues le continuó ‘Zapata se queda’, otra de sus cumbias con estilo sonidero en homenaje al “caudillo mayor”, originalmente grabada con Celso Piña y la colombiana Totó La Momposina.

Al parecer el concierto estuvo diseñado justamente así: oscilaciones de contoneos y solemnidades, es decir, un tema incitador de bailes alternado con un tema sufridor y reflexivo.

Otra mutación mujer-animal tuvo lugar cuando apareció ‘Cucurrucucú, paloma’, donde Lila Downs aleteaba en su rebozo plumado y emitía el zureo de las palomas. Arrullo suave y agudo.

Cuando dijo: “Yo sé que en Tijuana se come muy buen mole”, el público anticipó que aparecería ‘La cumbia del mole’, una receta infalible no solo para preparar el tradicional platillo sino para continuar la fiesta. De ahí, fue momento de invocar al espíritu de Chavela Vargas con ‘Cruz de olvido’, para al finalizar tomarse una pausa de agradecimiento a Tijuana y al Instituto de Cultura de Baja California, pues el concierto se ofreció en el marco de las actividades del Festival de Octubre.

Fuera de programa, Lila complació –a cappella y en mixteco– con una versión corta de ‘El feo’, cerrando el set con ‘El palomo del comalito’. Acto seguido, la banda completa se tomó el receso habitual en espera de que los asistentes soliciten (es decir, exijan a gritos) otra (otras, en realidad) canción más. El ruego duró poco, y los músicos con Lila regresaron a dar el último trío de canciones con ‘Piensa en mí, ‘Tacha la teibolera’ y la ineludible ‘La llorona’.

Algo que se agradece o al menos se reconoce de esta producción es que no hubo limitaciones para tomar fotos o grabar video, a diferencia de otros espectáculos donde esto está totalmente controlado tanto para el público como para la prensa. Por ello, ya se pueden ver en youtube cantidad de videos (profesionales o no) de la presentación de la noche del sábado. Aunque quizá aun los videos no alcanzan a registrar el misticismo del momento, la magia de Lila. Eso solo frente a ella.

 
 
 

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